Mensaje central
Le invito a que puedas saludar a tu hermano en este día. Salude a uno a dos que tenga su alrededor. Dígale, «Qué lindo te ves alabando al Señor.» Saludamos a quienes nos ven a través de las plataformas digitales, nos escuchan a través de la radio, les bendecimos en sus casas.
Momento de alabanzaExpandir
Creo en ti, Jesús
Creo en ti, Jesús. Creo en ti. Creo en ti, Jesús. Amén.
Iglesia, ¿cuántos creen en él? Aleluya. Le invito a que puedas saludar a tu hermano en este día. Salude a uno a dos que tenga su alrededor.
Dele un fuerte abrazo. Dígale,
Qué lindo te ves alabando al Señor.
Gracias, Padre Santo, por este día. ¿Cuántos están gozosos en este día? Amén. Amén.
Padre Santo, queremos que tú en este día te puedas manifestar en este lugar. Queremos recibirte, Señor. Gracias, Padre Santo. Tu presencia, tu presencia en este día a través de la alabanza ha sido maravillosa, Señor, porque no se trata del cómo, Señor, sino se trata del para qué, Padre Santo.
Y te adoramos y te alabamos solo a ti, Señor. Tú eres merecedor de toda honra y de toda gloria, Padre Santo. Tú eres el Alfa y el Omega. Tú eres el principio y el fin.
Padre Santo, queremos entregarte la mejor alabanza y la mejor adoración, Señor. Recíbelo en este día, Padre Santo. Tu pueblo te anhela. Tu pueblo te anhela, Señor.
Es hoy, Padre Santo. Es hoy, Padre Santo, donde queremos sentirte en nuestros corazones, Dios. Quizás venimos cargados, Padre Santo, pero tú nos haces descansar. Tu palabra me enseña que donde dos o más se reúnen en tu nombre, tú ahí estás, Señor.
Y así lo creo, Padre. Tú estás en este lugar. Tu espíritu se está derramando sobre este lugar. Dios, queremos adorarte, Señor.
Te adoramos, Padre Santo. Iglesia, levanta tus manos al cielo y le decimos gracias, Dios, por este día. Gracias, Padre Santo, por cada bendición. Gracias, Señor, por estar en los momentos difíciles y también por estar en los momentos buenos.
Padre Santo, tú has sido fiel, Señor. Tú te mereces todo y mucho más, Señor. Hoy queremos adorarte, Padre Santo. Manifiéstate, Señor, te adoramos, Señor.
abajo. A tus pies arde mi corazón. A tus pies te entrego lo que soy. Es el lugar.
Es el lugar de mi seguridad donde nadie donde nadie me puede señalar. Me perdonaste. Me acercaste a tu presencia, me levantaste y hoy me postro a adorarte. Reconocemos, Señor, que no hay lugar más alto, más grande.
Dígalo. Que estar a tus pies. Que estar a tus pies. No hay lugar más alto, más grande que estar a tus pies.
que estar a tus pies, a tus pies arde mi corazón. A tus pies te entrego lo que soy. Es el lugar es el lugar de mi seguridad donde nadie donde nadie me puede señalar. Me perdonaste.
Me perdonaste. Me acercaste a tu presencia, me levantaste y hoy me postro a adorarte. No hay lugar más alto, más grande que estar a tus pies. Que estar a tus pies.
No hay lugar más alto, más grande que estar a tus pies. Que estar a tus pies. No hay lugar más alto, más grande que estar a tus pies. Que estar a tus pies.
Y aquí y aquí permaneceré postrado a tus pies y aquí permaneceré a los pies de Cristo. Aquí y aquí permaneceré postrado a tus pies y aquí permaneceré a los pies de Cristo. No hay lugar más alto, más grande que estar a tus pies. Que estar a tus pies.
No hay lugar más alto, más grande que estar a tus pies. que estar a tus pies. No hay lugar más alto y más grande que estar a tus pies. Que estar a tus pies.
No hay lugar más alto, más grande estar a tus pies. de estar a tus pies y aquí permaneceré postrado a tus pies y aquí permaneceré a los pies de Cristo. Gracias, Señor. Gracias, Padre.
Gracias, Señor. Gracias, Señor. Quédese un minuto más ahí adorando su presencia. Quédese un minuto más a sus pies.
Si estamos a sus pies es porque estamos de rodillas, es porque estamos rendidos. es porque él nos ha ganado completamente. Bendito sea su nombre, Señor. Nos has vencido, Señor.
Nos has ganado, Señor. Nos has dado victoria abundante, Señor. Y hoy podemos, Señor, cosechar aquello que tú hiciste por cada uno de nosotros, Señor, en la cruz. Y podemos tener paz para con Dios.
Y podemos tener gozo y alegría. Y podemos, Señor, tener fe que todo mañana será diferente, que las pruebas pasarán, Señor. Gracias, amado Jesús. Vamos a decirle una vez más, postrados a sus pies.
Ahí es donde debemos estar. Aquí permaneceré postrado a tus pies y aquí permaneceré a los pies de Cristo. Y aquí permaneceré postrado a tus pies y aquí permaneceré a los pies de Cristo. Gracias, Señor.
Gracias, Señor, porque a tus pies tenemos, Señor, paz. A tus pies, Señor, tenemos vida. A tus pies, Señor, tenemos revelación. A tus pies, Señor, nos llenas de amor y de misericordia.
A tus pies, Señor, podemos, Dios, entender que no somos nosotros, sino tú, el grande. Gracias, Señor. Entendemos, Señor, que somos siervos y nos postramos cada día a tus pies, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén.
Dios les bendiga, amada iglesia. Démosle un fuerte aplauso a nuestro Señor Jesucristo. Aleluya. Postrados a sus pies.
¿A cuántos le gusta estar postrado a los pies del Señor y el resto? Gloria a Dios. Gracias. Dios les bendiga en este día, amada iglesia.
O fue el rapto o ah vamos a predicar acerca del rapto hoy día de los que se quedaron ya. Gracias, Señor. Gracias, Señor. ¿A cuántos aquí les gusta la vida de iglesia?
¿A todos les gusta la vida de iglesia? Eso de venir a la iglesia, de estar acá, de orar, de juntarse con los hermanos, de venir con los jóvenes, de venir a las reuniones de martes, de jueves, de domingo, de cuando pide consejería y el pastor le dice,
Por aquí, no por allá, por aquí.
Yo conozco a la Carola. ¡Uf! Ah, claro, de que era bebé y la he visto crecer y la he visto avanzar, así como a muchos de los que están acá. Dios siempre tiene esa guía en este caminar.
Dios siempre tiene un propósito que muchas veces lo desconocemos para guiar nuestras vidas donde él quiere guiarlas. Amén. Pero ahí está el viejo hombre estorbando la obra del Señor. Ya.
Entonces, para ir a la palabra, vamos a hablar hoy día de que tenemos que seguir el ejemplo de Jesús, ¿ya? Y que él se entregó a sí mismo por nosotros. Ya. Entonces, vamos, por favor, a Filipenses, capítulo 2.
¿Dónde está Filipenses? Cosas. Sí. Ya.
Pues entonces vamos allá. dice,
Haya pues en vosotros en nosotros este sentir.
Obediencia, obediencia, obediencia. Ya. Bueno, quiero decirle que nuestro maestro, nuestro Señor, vino a dejarnos el ejemplo y él fue obediente, pero él fue obediente hasta la muerte y la muerte de cruz, que era la muerte más terrible de aquellos tiempos. Ya.
Entonces, nosotros debemos seguir su ejemplo. No es que usted vaya ir, se vaya a meter en una cruz y se vaya a clavar ahí, pero en un sentido, así debemos hacerlo. Ah, debemos estar crucificados con Jesucristo. Amén.
Ya no vivo yo, dijo un hombre por ahí, Cristo vive en mí. Ya tenemos que dejar que Cristo viva en nosotros. Tenemos que dejar de ser Marcial, Carola, Pedro y todo el resto. Tenemos que dejar que Cristo viva en nosotros.
Pero para eso tenemos que despojarnos de qué? Ah, Dios mío. Aquí empieza lo difícil. Despojarse es privar a alguien de lo que goza y tiene.
Es desposeerlo de ello con violencia, quitárselo, sacárselo, arrancárselo. ¿A quién le gusta ser despojado aquí? Si hay algún santo que me levante la mano, por favor. Así.
A nadie le gusta ser despojado, ¿cierto? A menos que tenga un propósito, ¿ya? Porque entonces sí podemos hacerlo. Ya.
Hablando de Jesucristo, Jesucristo siendo Dios, dice que en el principio él era el verbo, ¿ya? Y el verbo estaba con Dios y el verbo era Dios. donde todos los ángeles le rinden culto al Dios todopoderoso. Ahí estaba Jesús.
Pero para venir acá a la tierra y ser obediente a la voluntad de nuestro Padre, de nuestro Dios, él tuvo que hacerse hombre, o sea, tuvo que despojarse de su divinidad, de su deidad. Eso es lo que estamos viendo en discipulado. Ya tuvo que despojarse de su divinidad, pero con un propósito grande y maravilloso. Ya.
Entonces, él deja de ser en un momento de la creación el verbo de Dios que estaba allá y viene a ser un hombre mortal como usted y como yo. un hombre que podía sufrir, que podía llorar, que podía reír, que podía cantar, que podía alegrarse, que podría que podía frustrarse. Todo lo que nosotros podemos recibir en este mundo como seres humanos, él también lo vivió y se despoja de su divinidad, de todos sus atributos de Dios. Ya no está escuchando en todos lados.
Ya ya empieza a escuchar a Pedro que está al lado, pero quizás Mateo le grita de allá y no lo escucha bien ya, porque está despojado de sus atributos de Dios, como la omnisciencia, la omnipresencia, la omnipotencia. Ya. Y tenemos a nuestro Dios, al Dios todopoderoso, al creador del cielo y de la tierra, el que hizo los mares, el que hizo este planeta y todo lo que usted ve en el universo. Lo tenemos como un ser humano, se podría decir, encapsulado en un cuerpo de hombre, pero él tenía un propósito para aquello.
Por eso a ninguno de nosotros nos gustaría que nos quitaran cosas. ¿Por qué es tan triste? A ninguno de nosotros nos gustaría que nos quitaran cosas. O dígame usted si a usted le gustaría que le fueran y le quitaran la casa o fueran y le quitaran el trabajo o el vehículo o le quitaran el marido o le quitaran la señora o le quitaran los hijos.
Y no sé qué más puedo decir. ¿Le gustaría o no le gustaría? No gustaría porque nadie, nadie quiere despojarse sin un propósito. Nadie quiere despojarse.
Nosotros queremos cosas. Queremos cosas. Queremos cosas. Queremos cosas.
Queremos cosas. No queremos dar cosas. Dar cosas. Dar cosas.
Ya queremos para acá. Ya. Y voy a poner un ejemplo. Sigo hablando de nuestro Señor Jesucristo.
Todavía no pasamos al despojo nuestro. Hay un propósito que es muy fácil entender lo que es el propósito de la siembra y de la cosecha. Ya, si usted guarda un saco de de qué, de trigo, ya usted quiere aumentar ese trigo, necesariamente tiene que despojarse de él. Y usted va a la tierra, prepara la tierra y tira ese trigo, un saco de trigo, y lo tira y ese trigo va a morir.
Ese saco para usted va a morir. Pero el propósito de la siembra de la cosecha es que usted luego del tiempo señalado por Dios, usted va a encontrar no solo un saco de trigo, sino quizás 10 sacos, 20 sacos, no lo sé, porque hay un propósito. Ya, siembra, cosecha, ahí uno sí se despoja en ese sentido. Uno sí se despoja, no quiere solo para dentro, no, porque hay un propósito.
Yo hecho para allá porque después va a venir para acá otra vez. Ya. Y esa es la forma natural que tenemos de la siembra y de la cosecha. El Señor se meó la en los versículos que habíamos leído anteriormente, él viene con un propósito que es salvarnos a nosotros, salvar a la humanidad.
Pero para eso, para salvarnos a nosotros, él debe, él debe despojarse y debe morir. Ese es el fin. Él debe morir. Y de alguna forma nuestro Señor Jesucristo realizó aquello y fue muerto en la cruz.
Pero él vio la cosecha que iba a producir su muerte. Y hasta este día la cosecha ya no se puede guardar en sacos porque es muy abundante. Aproximadamente 2000 millones de personas son cristianas en el mundo. Eso es mucha gente.
Mucha gente. El sacrificio de Cristo cumplió ese sufrimiento de una manera extraordinaria. O sea, el Señor se tiró, dio todo lo que tenía que dar, entregó su vida y el resultado de aquello es usted, es usted, es usted, es usted, es usted, es usted, es usted, soy yo, es usted. Y vienen muchos más todavía.
Ya, pero para que usted esté aquí hoy, para que yo esté aquí hoy, alguien tuvo que pagar, alguien tuvo que entregar, alguien tuvo que despojarse. Él se despoja de su gloria, se despoja del honor, de su grandeza, de su poder, de todo aquello. se despoja y viene a ser un ser humano. Y no solamente eso, no nos quedemos en que él vino a ser un ser humano, porque hay ser seres humanos de los últimos abajo y hay seres humanos de los que están bien arriba.
Él vino a ser un ser un ser humano. Ya. Pero usted sabe que hay seres humanos que reciben honor, reciben honra, son grandes aquí en la tierra toda la vida, ricos, poderosos y entre otros. Pero él no fue uno de aquellos.
O sea, después de haberse despojado de su divinidad y de haber bajado de ser Dios a ser hombre, luego tiene que volver nuevamente a humillarse, ya siendo un hombre común y corriente, siendo mirado como un hombre vil, como un hombre cualquiera por la sociedad de aquel tiempo. por los religiosos de aquel tiempo, pero él sabía el propósito que tenía. Entonces, él se sigue humillando, sigue la escala de humillación porque eso es entrega. Porque eso es entrega.
Él nos está entregando todo lo que él es. Todo lo que él es nos está entregando a nosotros. Todo lo que él es a nosotros. Por lo tanto, la cosecha es maravillosa.
Primero Y
Y si hoy nosotros le amamos a él, es porque él nos amó primero y se entregó, dice, en la cruz y murió por cada uno de nosotros. Él se despoja completamente, aún siendo Dios, ya se despoja y no dice,
Bueno, si yo soy Dios, arreglémosla de otra forma esta cosa mejor.
¿Cuántos de aquí son cristianos?
Punto Quizás
Capaz que ninguno de nosotros diga que es cristiano, porque nos sometemos hasta cierto punto quizás. Y de ahí para allá tendría que pensarlo muy bien yo. Si ah por mi vida no, señor, hasta ahí no más. ¿Me entiende?
Primeros De
Y tenemos el ejemplo de los primeros de todos los primeros hombres de Dios, los discípulos. hombres especiales, hombres como usted, mujeres como usted, como yo, pero que fueron completamente transformados por el amor de Jesús, completamente cambiados por el amor de Jesús. Y no hay nada en este mundo que cambie más que el amor. dice que el amor es el vínculo, es la unión perfecta.
No hay nada más poderoso que el amor. Nada más poderoso que el amor. Por eso nuestro Dios, dice la escritura que nuestro Dios es amor. Esencia de Dios es amor.
Él tiene poder, es grande, maravilloso, pero lo que él es en sí es amor. Su esencia. Qué maravilloso. Entonces, siempre debe haber una causa por la cual nosotros nos despojamos ya para amar, para servir.
Pero es que no tengo tiempo, es que no me alcanza. Es que no quiero, es que hace frío, que está lloviendo, es que no tengo azúcar, no tengo pan y buscamos la excusa para no despojarnos. Ya. Entonces ahí uno tiene que decir, «¿Y cómo está el amor?» Porque con el amor uno se despoja.
Y yo siempre cuento a mis amigos del discipulado y les digo, si usted va con su hijo en el desierto y se encuentra una Coca-Cola es de las chicas, por si acaso. Usted agarra la bebida y se la toma toda a usted o le da la mayor parte. ¿Por qué? ¿Por qué usted se despoja de tomarse esa Coca-Cola completa?
Por el amor, ¿cierto? Si no existe ese vínculo, usted no lo realiza la misma escena, pero usted va con alguien que no conoce. solo se lo encontró por el camino. Usted agarra la bebida y el otro tiene que quitarse la casa para que usted le dé, porque entonces no existe esa conexión, no existe ese vínculo, por lo tanto es para acá.
Pero la Carola, como es cristiana, dice que le da toda la Coca-Cola a él porque ahora no puede tomar Coca-Cola. Dios les bendiga. Siempre existe esa, ¿cómo se puede decir? Ese despojo por una causa.
Ya yo amo y me empiezo a despojar. Si no amo, no me despojo. Si yo quiero servir, tengo que empezar a despojarme. Y usted dice,
¿De qué me tengo que despojar?
Llegué a la casa corriendo, cansado, me tiré a la casa, a la cama. Puedes venir a ayudarnos que estamos con Noepo. Está el hermano haciendo algún trabajo en la iglesia, puedes venir a ayudarnos y ahí usted corre. Se levanta.
y con el amor que el Señor le ha dado a usted y tiene en el corazón, lo hace y usted se está despojando ya de su descanso, pero lo está haciendo por una causa, por ese amor que cada uno de nosotros tenemos que tener. Sin amor esto no significa nada. Si aún los malos lo hacen así. Usted ve a un malo si el malo le da malas cosas a su hijo.
Vea si el el no sé pues el ladrón de la esquina ah, o el violador o el brujo, le da malas cosas a su hijo. Todo mundo lo hace así, pero nosotros el Señor nos pidió una cuota mayor. Efesios, por favor, 4:22. Si está aburrido, dígame amén.
Seguridad, por favor. Seguridad por Efesios 4:22. Esto es para mí, ¿cierto? No me lo van a cobrar.
En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre que está viciado conforme a los deseos engañosos. Ahora nos toca a nosotros. Ya Cristo se despojó de todo y nos entregó él amor ya para que por ese amor nosotros empecemos ahora a despojarnos nosotros, a quitarnos aquí esta ropa que no nos sirve. Entonces, en cuanto a la pasada manera de vivir, despojados, despojados del viejo hombre que está viciado conforme a los deseos engañosos y renovaos en el espíritu de vuestra mente.
Despoos de la vieja manera de vivir. Ya. Gálatas 5:19. ¿De québemos despojarnos?
¿De québemos despojarnos nosotros los cristianos? Si lo hago todo tan bien, si casi me falta un poquito para llegar a ser, ¿cómo se llama? Canonizado. Ya, aquí vamos.
Y manifiestas son las obras de la carne, que son adulterio, fornicación, inmundicia, lavia, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, ias, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orjías y cosas semejantes a estas, acerca de las cuales os amonesto, como ya Os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. es el Nuevo Testamento, por si acaso. Entonces, tenemos que despojarnos de esta antigua manera de vivir con un propósito. Yo ahora quiero servir al Señor.
Yo ahora quiero ser obediente al Señor. Yo ahora quiero estar a los pies de Cristo. Entonces me empiezo a despojar de todas estas cosas, empiezo a entregar esto. Tengo un vicio, Señor, ayúdame, por favor.
Y usted empieza a trabajar en aquello y el Espíritu de Dios empieza a trabajar junto a usted y usted empieza a sacar estas cosas de usted y cada vez que usted deja algo de aquello, está crucificándose con Cristo y está viviendo menos usted, menos yo y más Cristo en nosotros. La próxima vez que nos mire la gente va a ver a Cristo en nosotros y ahí todo va a cambiar. Todo va a cambiar porque entonces la gente va a recibir luz. Ah, porque Cristo es la luz.
Y ellos van a venir a usted, a usted, a usted, a usted, a donde usted esté, van a venir a preguntar y ahí usted puede entregar esa palabra maravillosa que el Señor le ha entregado. ¿Cuántos dicen, «Yo me quiero despojar?» Algunos no más se quieren despojar. Todavía no, todavía no termino la predicación, por si acaso. Así que vamos a ver dos ejemplos de despojo.
Uno en el Antiguo Testamento para los religiosos, dijo, y otro en el Nuevo. Génesis 22:1. ¿Quién se lo sabe? Los de discipulado, ¿no?
A todo esto mañana hay discipulado. ¿Cuántos van a venir? Y el resto están todos invitados por si acaso. A las 8 unacita para la carne, dijo.
Aconteció después de estas cosas que probó Dios a Abraham y le dijo, Abraham. Y él respondió, heme aquí. Y dijo,
Toma ahora tu hijo, tu único Isaac, a quien amas, y vete a la tierra de Moriá, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.
Yo te voy a bendecir, le dijo Dios por medio de este Isaac. En él voy a levantarte la descendencia. Él fue el regalo, digamos, uno de los regalos más grandes que recibe un padre que junto a su esposa no podían tener hijos. Pero luego Dios le dice,
Yo quiero a ese, quiero a ese tu Isaac.
al hijo de la esclava. ¿Por qué le pidió a Isaac? Y Abraham dice que va y lo va a sacrificar. Y entonces, por lo que Abraham hace, se genera algo muy maravilloso.
Y Abraham es reconocido en este en este tiempo como el padre de más de una religión en este en esta tierra. Es reconocido por cristianos, por musulmanes, por judíos. que son una de las tres religiones monoteístas más grandes del mundo, que deben hacer más o menos unos 4 millones de personas o a lo mejor un poquito más, no lo sé cuántos estarán los musulmanes últimamente. No los no lo he contado, son muchísimos por lo que él hizo, se despojó.
Todos todos hablamos de Abraham hoy en día. es el padre de la fe. Es que para hacer eso que él hizo, Dios mío, si a veces el Señor a veces nos pide un minuto de nuestro tiempo y nosotros le decimos,
No, pues, Señor, no te pasís, pues. ¿Cómo se te ocurre si es mi tiempo?
Él le pidió el hijo y el de la promesa más encima y él dijo, «Te lo entrego.
Porque él creyó que si Dios se lo había prometido, que en él iba a levantarle descendencia, Dios se lo podía levantar nuevamente de los muertos. Maravilloso. Ahí tiene un despojo usted. Claro que yo no quiero que usted llegue a ese extremo también, pero Dios sí nos va a pedir cosas.
Pero no es que voy a poner esto ya, por favor, para que me entiendan. No es que Dios venga y diga,
No, van a ser las situaciones diarias de la vida en cuanto a lo de la iglesia. Ya el pastor nos va a llamar y va a decir,
Decisión. Decisión. No solo palabras, sino acción. Yo no me levanto, Dios mío.
Ya tenemos el despojo entonces de Abraham. Y el segundo ejemplo es Lucas 21:3. Me queda tiempo. No, ese hermano no me quiere dar tiempo.
Dijo,
En verdad, os digo que esta viuda pobre echó más que todos.
O sea, en otras palabras, lo que ella echó fue vida. Vida. Por eso a Jesús le impresionó la ofrenda de la mujer, no le impresionó las ofrendas de los otros grandes hombres que echaron mucho dinero. No le impresionó esa ofrenda.
Habla de esta ofrenda porque la mujer solamente tenía dos blancas, que era el sustento que ella tenía. O sea, ella echaba eso y quedaba sin sustento. Le impresionó esa ofrenda. La mujer se despojó, no de dinero, se despojó de ella.
Yo entrego esto y yo después me muero. No se sigue hablando más de la viuda, efectivamente. Pero yo creo que esa viuda, así como las otras viudas de Sarepta, cuando le di le dijo el profeta,
Dame mí primero y luego Dios hará cosas.
El amor es el que produce el despojarse. Si no hay amor, yo no me despojo. Yo me tomo la Coca-Cola solo. No le doy a nadie.
Yo quiero para mí, para mí, para mí, para mí, para mí, para mí. Llevo 80 años de mi vida y todavía sigo queriendo todo para mí y me voy a me voy a morir quizás queriendo todo para mí. ¿Y cuándo va a llegar el momento de que yo pueda dar, que pueda entregar? que nos golpee el Señor ahí en Por eso el Señor decía en algunos momentos duros de servizó.
Nos cuesta entender ese gran amor que él nos ofreció. Espero que en este día aprendamos el consejo y el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, que se despojó de ser Dios a ser hombre y de ser hombre se humilló como un hombre de los más vilar a la muerte por salvarnos a cada uno de nosotros. que nosotros podamos hacer lo mismo ya con la gente que está alrededor nuestro, que podamos entregarle a la viuda, que podamos entregarle al pobre, que podamos entregarle al huérfano no solamente palabras, sino también hechos y realidades. Entonces, tenemos a un Abraham y tenemos a una viuda que lo entregó todo, todo, todo, todo.
Y si el hombre no mira eso, le aseguro que Dios sí lo mira. Amén. Y la cosecha siempre se recibe del cielo. Cuando usted siembra algo, usted no sabe cómo eso crece ahí.
Solo sabe que crece no más la cosecha. Usted no sabe si va va a ser buena cosecha, mala cosecha, mediana cosecha. Eso viene del cielo. Viene del cielo.
Por lo tanto, nos volvemos al Dios de la cosecha. Amén. Amén. Póngase de pie.
Disculpe por el tiempo, pero el hermano de allá está picado conmigo, por eso me puso un tiempo corto. Padre, le damos gracias por esta palabra. Bendecimos su nombre, Señor. Le agradecemos todas las cosas a usted, Señor.
Le pedimos en el nombre de Jesucristo que nos ayude, Señor, a mantener el amor en nuestras vidas, Señor, a mantener, Señor, la fe, a mantener esa confianza en usted, Señor, y a comenzar cada día de nuestra vida despojándonos, Señor, despojándonos, Señor, así como Cristo se despojó, Señor. nosotros aprendamos por medio del amor a entregar lo valioso, a entregar las cosas, Señor, que usted nos ha dado, Dios, en este día, en el nombre poderoso de Jesucristo, nuestro Señor. Gracias, Espíritu Santo, por su presencia en medio de este lugar. En el nombre de Jesús, amén.
Cantamos una canción cortita porque si no me van a poner tiempo otra vez. Gracias, Señor. Quiero conocer. en cada día más a ti, estar en tu presencia y adorar.
Revélanos tu gloria. Deseamos ir mucho más en ti. Queremos su presencia, Jesús, y al que está sentado en el trono, al que vive para siempre y siempre, sea la glor. Gloria.
Sea la honra y el poder. Sea la gloria, sea la honra y el poder. Y al que está sentado en el trono, al que vive para siempre y siempre. Sea la gloria, sea la honra y el poder.
Sea la gloria, sea la honra y el poder. Decláralo que está sentado en el trono. que vive para siempre y siempre. Sea la gloria, sea la honra y el poder.
Sea la gloria, sea la honra y el poder. Sea la gloria, sea la honra y el poder. Sea la gloria, sea la honra y el poder. Gracias, Señor.
Gracias, Señor. Gracias, Señor. Bien, iglesia. No me han mandado los avisos todavía.
Pero está claro que mañana hay discipulado. Están todos invitados a las 8 en el salón principal ladito y eh sábado nada y el y el domingo la reunión general. Venga, por favor. Este domingo vamos a tener un predicador del extranjero a que no es de Santa Cruz, di.
Extranjero de Chile. ¿Cómo se llama el J? Enrique Caron. Ya.
Él va a venir a predicar ya domingo, así que venga, invite a alguien. Él siempre obamente ora. Las veces que ha venido ora por la gente, ¿ya? Así es que invite a alguien.
Invite, invite, aproveche de invitar. Ya traiga a la suegra, al suegro, a la tía, a la prima, al primo, al esclavo. Si tiene. Ya.
Algunos dijeron amén. Está hermana, digo yo. Vamos a ofrendar. Amén.
Vamos a ver si nos vamos a despojar. Eh, sí, como que vamos a orar. Padre Dios todopoderoso, usted también se tuvo que despojar de su hijo al enviarlo a la cruz, Señor. Sin duda siempre, Señor, tendremos que despojarnos de algo en esta tierra, Señor.
Dios todopoderoso. Gracias por la ofrenda, Señor. Yo bendigo al que va a traer, Señor, una ofrenda como aquella viuda, Señor, que usted la miró. No por la cantidad de dinero que traía, sino porque ella lo traía todo.
Todo lo que tenía no tenía más, era su sustento. Señor, le pedimos perdón porque a veces traemos, Señor, solo de lo que nos sobra, Señor, y no lo miramos a usted que es el Dios todopoderoso. Ayúdenos, Señor, a tener un corazón lleno de amor. En el nombre de Jesús, amén y amén.
Yo le invito a que si usted trajo una ofrenda pueda pasar a darla acá. Gracias, Señor. Y al que está sentado en el trono, al que vive para siempre y siempre, sea la gloria, sea la honra y el poder. Sea la gloria, sea la honra y el poder.
Y al que está sentado en el trono, al que vive para siempre y siempre. Sea la gloria, sea la honra y el poder. Sea la gloria, sea la honra y el poder. Sea la gloria, sea la honra y el poder.
Sea la gloria. Gracias, Señor. Sea la honra y el poder. Gracias, Señor.
Adoramos su nombre, Señor. Adoramos su presencia. Que decimos gracias, Señor. Gracias por este día de reunión, Señor.
Esto es lo que somos, Señor. Gracias, amado Dios. Bendito sea su nombre en este día. Oramos por cada hermano, hermana, Señor.
Oramos por el que lo necesita. Oramos por el enfermo, Señor. Oramos, Señor, por aquel Dios que está, Señor, perdido, Señor. Oramos, Señor, para que usted, Dios, tenga misericordia, Señor, en el nombre poderoso de Jesucristo.
Despídanos, Señor, en paz y en comunión, Señor, los unos de los otros, más nunca jamás de su santa presencia. En el nombre de Jesús, amén y amén. Dios les bendiga, amada iglesia. Démosle un fuerte aplauso a nuestro Señor y nos retiramos a nuestros hogares.
Gracias.
Declaración
Dios les bendiga, amada iglesia. Démosle un fuerte aplauso a nuestro Señor y nos retiramos a nuestros hogares. Gracias.
Creo en ti, Jesús
Creo en ti, Jesús. Creo en ti. Creo en ti, Jesús. Amén.
Iglesia, ¿cuántos creen en él? Aleluya. Le invito a que puedas saludar a tu hermano en este día. Salude a uno a dos que tenga su alrededor.
Dele un fuerte abrazo. Dígale,
Qué lindo te ves alabando al Señor.
Gracias, Padre Santo, por este día. ¿Cuántos están gozosos en este día? Amén. Amén.
Padre Santo, queremos que tú en este día te puedas manifestar en este lugar. Queremos recibirte, Señor. Gracias, Padre Santo. Tu presencia, tu presencia en este día a través de la alabanza ha sido maravillosa, Señor, porque no se trata del cómo, Señor, sino se trata del para qué, Padre Santo.
Y te adoramos y te alabamos solo a ti, Señor. Tú eres merecedor de toda honra y de toda gloria, Padre Santo. Tú eres el Alfa y el Omega. Tú eres el principio y el fin.
Padre Santo, queremos entregarte la mejor alabanza y la mejor adoración, Señor. Recíbelo en este día, Padre Santo. Tu pueblo te anhela. Tu pueblo te anhela, Señor.
Es hoy, Padre Santo. Es hoy, Padre Santo, donde queremos sentirte en nuestros corazones, Dios. Quizás venimos cargados, Padre Santo, pero tú nos haces descansar. Tu palabra me enseña que donde dos o más se reúnen en tu nombre, tú ahí estás, Señor.
Y así lo creo, Padre. Tú estás en este lugar. Tu espíritu se está derramando sobre este lugar. Dios, queremos adorarte, Señor.
Te adoramos, Padre Santo. Iglesia, levanta tus manos al cielo y le decimos gracias, Dios, por este día. Gracias, Padre Santo, por cada bendición. Gracias, Señor, por estar en los momentos difíciles y también por estar en los momentos buenos.
Padre Santo, tú has sido fiel, Señor. Tú te mereces todo y mucho más, Señor. Hoy queremos adorarte, Padre Santo. Manifiéstate, Señor, te adoramos, Señor.
abajo. A tus pies arde mi corazón. A tus pies te entrego lo que soy. Es el lugar.
Es el lugar de mi seguridad donde nadie donde nadie me puede señalar. Me perdonaste. Me acercaste a tu presencia, me levantaste y hoy me postro a adorarte. Reconocemos, Señor, que no hay lugar más alto, más grande.
Dígalo. Que estar a tus pies. Que estar a tus pies. No hay lugar más alto, más grande que estar a tus pies.
que estar a tus pies, a tus pies arde mi corazón. A tus pies te entrego lo que soy. Es el lugar es el lugar de mi seguridad donde nadie donde nadie me puede señalar. Me perdonaste.
Me perdonaste. Me acercaste a tu presencia, me levantaste y hoy me postro a adorarte. No hay lugar más alto, más grande que estar a tus pies. Que estar a tus pies.
No hay lugar más alto, más grande que estar a tus pies. Que estar a tus pies. No hay lugar más alto, más grande que estar a tus pies. Que estar a tus pies.
Y aquí y aquí permaneceré postrado a tus pies y aquí permaneceré a los pies de Cristo. Aquí y aquí permaneceré postrado a tus pies y aquí permaneceré a los pies de Cristo. No hay lugar más alto, más grande que estar a tus pies. Que estar a tus pies.
No hay lugar más alto, más grande que estar a tus pies. que estar a tus pies. No hay lugar más alto y más grande que estar a tus pies. Que estar a tus pies.
No hay lugar más alto, más grande estar a tus pies. de estar a tus pies y aquí permaneceré postrado a tus pies y aquí permaneceré a los pies de Cristo. Gracias, Señor. Gracias, Padre.
Gracias, Señor. Gracias, Señor. Quédese un minuto más ahí adorando su presencia. Quédese un minuto más a sus pies.
Si estamos a sus pies es porque estamos de rodillas, es porque estamos rendidos. es porque él nos ha ganado completamente. Bendito sea su nombre, Señor. Nos has vencido, Señor.
Nos has ganado, Señor. Nos has dado victoria abundante, Señor. Y hoy podemos, Señor, cosechar aquello que tú hiciste por cada uno de nosotros, Señor, en la cruz. Y podemos tener paz para con Dios.
Y podemos tener gozo y alegría. Y podemos, Señor, tener fe que todo mañana será diferente, que las pruebas pasarán, Señor. Gracias, amado Jesús. Vamos a decirle una vez más, postrados a sus pies.
Ahí es donde debemos estar. Aquí permaneceré postrado a tus pies y aquí permaneceré a los pies de Cristo. Y aquí permaneceré postrado a tus pies y aquí permaneceré a los pies de Cristo. Gracias, Señor.
Gracias, Señor, porque a tus pies tenemos, Señor, paz. A tus pies, Señor, tenemos vida. A tus pies, Señor, tenemos revelación. A tus pies, Señor, nos llenas de amor y de misericordia.
A tus pies, Señor, podemos, Dios, entender que no somos nosotros, sino tú, el grande. Gracias, Señor. Entendemos, Señor, que somos siervos y nos postramos cada día a tus pies, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén.
Dios les bendiga, amada iglesia. Démosle un fuerte aplauso a nuestro Señor Jesucristo. Aleluya. Postrados a sus pies.
¿A cuántos le gusta estar postrado a los pies del Señor y el resto? Gloria a Dios. Gracias. Dios les bendiga en este día, amada iglesia.
O fue el rapto o ah vamos a predicar acerca del rapto hoy día de los que se quedaron ya. Gracias, Señor. Gracias, Señor. ¿A cuántos aquí les gusta la vida de iglesia?
¿A todos les gusta la vida de iglesia? Eso de venir a la iglesia, de estar acá, de orar, de juntarse con los hermanos, de venir con los jóvenes, de venir a las reuniones de martes, de jueves, de domingo, de cuando pide consejería y el pastor le dice,
Por aquí, no por allá, por aquí.
Yo conozco a la Carola. ¡Uf! Ah, claro, de que era bebé y la he visto crecer y la he visto avanzar, así como a muchos de los que están acá. Dios siempre tiene esa guía en este caminar.
Dios siempre tiene un propósito que muchas veces lo desconocemos para guiar nuestras vidas donde él quiere guiarlas. Amén. Pero ahí está el viejo hombre estorbando la obra del Señor. Ya.
Entonces, para ir a la palabra, vamos a hablar hoy día de que tenemos que seguir el ejemplo de Jesús, ¿ya? Y que él se entregó a sí mismo por nosotros. Ya. Entonces, vamos, por favor, a Filipenses, capítulo 2.
¿Dónde está Filipenses? Cosas. Sí. Ya.
Pues entonces vamos allá. dice,
Haya pues en vosotros en nosotros este sentir.
Obediencia, obediencia, obediencia. Ya. Bueno, quiero decirle que nuestro maestro, nuestro Señor, vino a dejarnos el ejemplo y él fue obediente, pero él fue obediente hasta la muerte y la muerte de cruz, que era la muerte más terrible de aquellos tiempos. Ya.
Entonces, nosotros debemos seguir su ejemplo. No es que usted vaya ir, se vaya a meter en una cruz y se vaya a clavar ahí, pero en un sentido, así debemos hacerlo. Ah, debemos estar crucificados con Jesucristo. Amén.
Ya no vivo yo, dijo un hombre por ahí, Cristo vive en mí. Ya tenemos que dejar que Cristo viva en nosotros. Tenemos que dejar de ser Marcial, Carola, Pedro y todo el resto. Tenemos que dejar que Cristo viva en nosotros.
Pero para eso tenemos que despojarnos de qué? Ah, Dios mío. Aquí empieza lo difícil. Despojarse es privar a alguien de lo que goza y tiene.
Es desposeerlo de ello con violencia, quitárselo, sacárselo, arrancárselo. ¿A quién le gusta ser despojado aquí? Si hay algún santo que me levante la mano, por favor. Así.
A nadie le gusta ser despojado, ¿cierto? A menos que tenga un propósito, ¿ya? Porque entonces sí podemos hacerlo. Ya.
Hablando de Jesucristo, Jesucristo siendo Dios, dice que en el principio él era el verbo, ¿ya? Y el verbo estaba con Dios y el verbo era Dios. donde todos los ángeles le rinden culto al Dios todopoderoso. Ahí estaba Jesús.
Pero para venir acá a la tierra y ser obediente a la voluntad de nuestro Padre, de nuestro Dios, él tuvo que hacerse hombre, o sea, tuvo que despojarse de su divinidad, de su deidad. Eso es lo que estamos viendo en discipulado. Ya tuvo que despojarse de su divinidad, pero con un propósito grande y maravilloso. Ya.
Entonces, él deja de ser en un momento de la creación el verbo de Dios que estaba allá y viene a ser un hombre mortal como usted y como yo. un hombre que podía sufrir, que podía llorar, que podía reír, que podía cantar, que podía alegrarse, que podría que podía frustrarse. Todo lo que nosotros podemos recibir en este mundo como seres humanos, él también lo vivió y se despoja de su divinidad, de todos sus atributos de Dios. Ya no está escuchando en todos lados.
Ya ya empieza a escuchar a Pedro que está al lado, pero quizás Mateo le grita de allá y no lo escucha bien ya, porque está despojado de sus atributos de Dios, como la omnisciencia, la omnipresencia, la omnipotencia. Ya. Y tenemos a nuestro Dios, al Dios todopoderoso, al creador del cielo y de la tierra, el que hizo los mares, el que hizo este planeta y todo lo que usted ve en el universo. Lo tenemos como un ser humano, se podría decir, encapsulado en un cuerpo de hombre, pero él tenía un propósito para aquello.
Por eso a ninguno de nosotros nos gustaría que nos quitaran cosas. ¿Por qué es tan triste? A ninguno de nosotros nos gustaría que nos quitaran cosas. O dígame usted si a usted le gustaría que le fueran y le quitaran la casa o fueran y le quitaran el trabajo o el vehículo o le quitaran el marido o le quitaran la señora o le quitaran los hijos.
Y no sé qué más puedo decir. ¿Le gustaría o no le gustaría? No gustaría porque nadie, nadie quiere despojarse sin un propósito. Nadie quiere despojarse.
Nosotros queremos cosas. Queremos cosas. Queremos cosas. Queremos cosas.
Queremos cosas. No queremos dar cosas. Dar cosas. Dar cosas.
Ya queremos para acá. Ya. Y voy a poner un ejemplo. Sigo hablando de nuestro Señor Jesucristo.
Todavía no pasamos al despojo nuestro. Hay un propósito que es muy fácil entender lo que es el propósito de la siembra y de la cosecha. Ya, si usted guarda un saco de de qué, de trigo, ya usted quiere aumentar ese trigo, necesariamente tiene que despojarse de él. Y usted va a la tierra, prepara la tierra y tira ese trigo, un saco de trigo, y lo tira y ese trigo va a morir.
Ese saco para usted va a morir. Pero el propósito de la siembra de la cosecha es que usted luego del tiempo señalado por Dios, usted va a encontrar no solo un saco de trigo, sino quizás 10 sacos, 20 sacos, no lo sé, porque hay un propósito. Ya, siembra, cosecha, ahí uno sí se despoja en ese sentido. Uno sí se despoja, no quiere solo para dentro, no, porque hay un propósito.
Yo hecho para allá porque después va a venir para acá otra vez. Ya. Y esa es la forma natural que tenemos de la siembra y de la cosecha. El Señor se meó la en los versículos que habíamos leído anteriormente, él viene con un propósito que es salvarnos a nosotros, salvar a la humanidad.
Pero para eso, para salvarnos a nosotros, él debe, él debe despojarse y debe morir. Ese es el fin. Él debe morir. Y de alguna forma nuestro Señor Jesucristo realizó aquello y fue muerto en la cruz.
Pero él vio la cosecha que iba a producir su muerte. Y hasta este día la cosecha ya no se puede guardar en sacos porque es muy abundante. Aproximadamente 2000 millones de personas son cristianas en el mundo. Eso es mucha gente.
Mucha gente. El sacrificio de Cristo cumplió ese sufrimiento de una manera extraordinaria. O sea, el Señor se tiró, dio todo lo que tenía que dar, entregó su vida y el resultado de aquello es usted, es usted, es usted, es usted, es usted, es usted, es usted, soy yo, es usted. Y vienen muchos más todavía.
Ya, pero para que usted esté aquí hoy, para que yo esté aquí hoy, alguien tuvo que pagar, alguien tuvo que entregar, alguien tuvo que despojarse. Él se despoja de su gloria, se despoja del honor, de su grandeza, de su poder, de todo aquello. se despoja y viene a ser un ser humano. Y no solamente eso, no nos quedemos en que él vino a ser un ser humano, porque hay ser seres humanos de los últimos abajo y hay seres humanos de los que están bien arriba.
Él vino a ser un ser un ser humano. Ya. Pero usted sabe que hay seres humanos que reciben honor, reciben honra, son grandes aquí en la tierra toda la vida, ricos, poderosos y entre otros. Pero él no fue uno de aquellos.
O sea, después de haberse despojado de su divinidad y de haber bajado de ser Dios a ser hombre, luego tiene que volver nuevamente a humillarse, ya siendo un hombre común y corriente, siendo mirado como un hombre vil, como un hombre cualquiera por la sociedad de aquel tiempo. por los religiosos de aquel tiempo, pero él sabía el propósito que tenía. Entonces, él se sigue humillando, sigue la escala de humillación porque eso es entrega. Porque eso es entrega.
Él nos está entregando todo lo que él es. Todo lo que él es nos está entregando a nosotros. Todo lo que él es a nosotros. Por lo tanto, la cosecha es maravillosa.
Primero Y
Y si hoy nosotros le amamos a él, es porque él nos amó primero y se entregó, dice, en la cruz y murió por cada uno de nosotros. Él se despoja completamente, aún siendo Dios, ya se despoja y no dice,
Bueno, si yo soy Dios, arreglémosla de otra forma esta cosa mejor.
¿Cuántos de aquí son cristianos?
Punto Quizás
Capaz que ninguno de nosotros diga que es cristiano, porque nos sometemos hasta cierto punto quizás. Y de ahí para allá tendría que pensarlo muy bien yo. Si ah por mi vida no, señor, hasta ahí no más. ¿Me entiende?
Primeros De
Y tenemos el ejemplo de los primeros de todos los primeros hombres de Dios, los discípulos. hombres especiales, hombres como usted, mujeres como usted, como yo, pero que fueron completamente transformados por el amor de Jesús, completamente cambiados por el amor de Jesús. Y no hay nada en este mundo que cambie más que el amor. dice que el amor es el vínculo, es la unión perfecta.
No hay nada más poderoso que el amor. Nada más poderoso que el amor. Por eso nuestro Dios, dice la escritura que nuestro Dios es amor. Esencia de Dios es amor.
Él tiene poder, es grande, maravilloso, pero lo que él es en sí es amor. Su esencia. Qué maravilloso. Entonces, siempre debe haber una causa por la cual nosotros nos despojamos ya para amar, para servir.
Pero es que no tengo tiempo, es que no me alcanza. Es que no quiero, es que hace frío, que está lloviendo, es que no tengo azúcar, no tengo pan y buscamos la excusa para no despojarnos. Ya. Entonces ahí uno tiene que decir, «¿Y cómo está el amor?» Porque con el amor uno se despoja.
Y yo siempre cuento a mis amigos del discipulado y les digo, si usted va con su hijo en el desierto y se encuentra una Coca-Cola es de las chicas, por si acaso. Usted agarra la bebida y se la toma toda a usted o le da la mayor parte. ¿Por qué? ¿Por qué usted se despoja de tomarse esa Coca-Cola completa?
Por el amor, ¿cierto? Si no existe ese vínculo, usted no lo realiza la misma escena, pero usted va con alguien que no conoce. solo se lo encontró por el camino. Usted agarra la bebida y el otro tiene que quitarse la casa para que usted le dé, porque entonces no existe esa conexión, no existe ese vínculo, por lo tanto es para acá.
Pero la Carola, como es cristiana, dice que le da toda la Coca-Cola a él porque ahora no puede tomar Coca-Cola. Dios les bendiga. Siempre existe esa, ¿cómo se puede decir? Ese despojo por una causa.
Ya yo amo y me empiezo a despojar. Si no amo, no me despojo. Si yo quiero servir, tengo que empezar a despojarme. Y usted dice,
¿De qué me tengo que despojar?
Llegué a la casa corriendo, cansado, me tiré a la casa, a la cama. Puedes venir a ayudarnos que estamos con Noepo. Está el hermano haciendo algún trabajo en la iglesia, puedes venir a ayudarnos y ahí usted corre. Se levanta.
y con el amor que el Señor le ha dado a usted y tiene en el corazón, lo hace y usted se está despojando ya de su descanso, pero lo está haciendo por una causa, por ese amor que cada uno de nosotros tenemos que tener. Sin amor esto no significa nada. Si aún los malos lo hacen así. Usted ve a un malo si el malo le da malas cosas a su hijo.
Vea si el el no sé pues el ladrón de la esquina ah, o el violador o el brujo, le da malas cosas a su hijo. Todo mundo lo hace así, pero nosotros el Señor nos pidió una cuota mayor. Efesios, por favor, 4:22. Si está aburrido, dígame amén.
Seguridad, por favor. Seguridad por Efesios 4:22. Esto es para mí, ¿cierto? No me lo van a cobrar.
En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre que está viciado conforme a los deseos engañosos. Ahora nos toca a nosotros. Ya Cristo se despojó de todo y nos entregó él amor ya para que por ese amor nosotros empecemos ahora a despojarnos nosotros, a quitarnos aquí esta ropa que no nos sirve. Entonces, en cuanto a la pasada manera de vivir, despojados, despojados del viejo hombre que está viciado conforme a los deseos engañosos y renovaos en el espíritu de vuestra mente.
Despoos de la vieja manera de vivir. Ya. Gálatas 5:19. ¿De québemos despojarnos?
¿De québemos despojarnos nosotros los cristianos? Si lo hago todo tan bien, si casi me falta un poquito para llegar a ser, ¿cómo se llama? Canonizado. Ya, aquí vamos.
Y manifiestas son las obras de la carne, que son adulterio, fornicación, inmundicia, lavia, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, ias, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orjías y cosas semejantes a estas, acerca de las cuales os amonesto, como ya Os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. es el Nuevo Testamento, por si acaso. Entonces, tenemos que despojarnos de esta antigua manera de vivir con un propósito. Yo ahora quiero servir al Señor.
Yo ahora quiero ser obediente al Señor. Yo ahora quiero estar a los pies de Cristo. Entonces me empiezo a despojar de todas estas cosas, empiezo a entregar esto. Tengo un vicio, Señor, ayúdame, por favor.
Y usted empieza a trabajar en aquello y el Espíritu de Dios empieza a trabajar junto a usted y usted empieza a sacar estas cosas de usted y cada vez que usted deja algo de aquello, está crucificándose con Cristo y está viviendo menos usted, menos yo y más Cristo en nosotros. La próxima vez que nos mire la gente va a ver a Cristo en nosotros y ahí todo va a cambiar. Todo va a cambiar porque entonces la gente va a recibir luz. Ah, porque Cristo es la luz.
Y ellos van a venir a usted, a usted, a usted, a usted, a donde usted esté, van a venir a preguntar y ahí usted puede entregar esa palabra maravillosa que el Señor le ha entregado. ¿Cuántos dicen, «Yo me quiero despojar?» Algunos no más se quieren despojar. Todavía no, todavía no termino la predicación, por si acaso. Así que vamos a ver dos ejemplos de despojo.
Uno en el Antiguo Testamento para los religiosos, dijo, y otro en el Nuevo. Génesis 22:1. ¿Quién se lo sabe? Los de discipulado, ¿no?
A todo esto mañana hay discipulado. ¿Cuántos van a venir? Y el resto están todos invitados por si acaso. A las 8 unacita para la carne, dijo.
Aconteció después de estas cosas que probó Dios a Abraham y le dijo, Abraham. Y él respondió, heme aquí. Y dijo,
Toma ahora tu hijo, tu único Isaac, a quien amas, y vete a la tierra de Moriá, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.
Yo te voy a bendecir, le dijo Dios por medio de este Isaac. En él voy a levantarte la descendencia. Él fue el regalo, digamos, uno de los regalos más grandes que recibe un padre que junto a su esposa no podían tener hijos. Pero luego Dios le dice,
Yo quiero a ese, quiero a ese tu Isaac.
al hijo de la esclava. ¿Por qué le pidió a Isaac? Y Abraham dice que va y lo va a sacrificar. Y entonces, por lo que Abraham hace, se genera algo muy maravilloso.
Y Abraham es reconocido en este en este tiempo como el padre de más de una religión en este en esta tierra. Es reconocido por cristianos, por musulmanes, por judíos. que son una de las tres religiones monoteístas más grandes del mundo, que deben hacer más o menos unos 4 millones de personas o a lo mejor un poquito más, no lo sé cuántos estarán los musulmanes últimamente. No los no lo he contado, son muchísimos por lo que él hizo, se despojó.
Todos todos hablamos de Abraham hoy en día. es el padre de la fe. Es que para hacer eso que él hizo, Dios mío, si a veces el Señor a veces nos pide un minuto de nuestro tiempo y nosotros le decimos,
No, pues, Señor, no te pasís, pues. ¿Cómo se te ocurre si es mi tiempo?
Él le pidió el hijo y el de la promesa más encima y él dijo, «Te lo entrego.
Porque él creyó que si Dios se lo había prometido, que en él iba a levantarle descendencia, Dios se lo podía levantar nuevamente de los muertos. Maravilloso. Ahí tiene un despojo usted. Claro que yo no quiero que usted llegue a ese extremo también, pero Dios sí nos va a pedir cosas.
Pero no es que voy a poner esto ya, por favor, para que me entiendan. No es que Dios venga y diga,
No, van a ser las situaciones diarias de la vida en cuanto a lo de la iglesia. Ya el pastor nos va a llamar y va a decir,
Decisión. Decisión. No solo palabras, sino acción. Yo no me levanto, Dios mío.
Ya tenemos el despojo entonces de Abraham. Y el segundo ejemplo es Lucas 21:3. Me queda tiempo. No, ese hermano no me quiere dar tiempo.
Dijo,
En verdad, os digo que esta viuda pobre echó más que todos.
O sea, en otras palabras, lo que ella echó fue vida. Vida. Por eso a Jesús le impresionó la ofrenda de la mujer, no le impresionó las ofrendas de los otros grandes hombres que echaron mucho dinero. No le impresionó esa ofrenda.
Habla de esta ofrenda porque la mujer solamente tenía dos blancas, que era el sustento que ella tenía. O sea, ella echaba eso y quedaba sin sustento. Le impresionó esa ofrenda. La mujer se despojó, no de dinero, se despojó de ella.
Yo entrego esto y yo después me muero. No se sigue hablando más de la viuda, efectivamente. Pero yo creo que esa viuda, así como las otras viudas de Sarepta, cuando le di le dijo el profeta,
Dame mí primero y luego Dios hará cosas.
El amor es el que produce el despojarse. Si no hay amor, yo no me despojo. Yo me tomo la Coca-Cola solo. No le doy a nadie.
Yo quiero para mí, para mí, para mí, para mí, para mí, para mí. Llevo 80 años de mi vida y todavía sigo queriendo todo para mí y me voy a me voy a morir quizás queriendo todo para mí. ¿Y cuándo va a llegar el momento de que yo pueda dar, que pueda entregar? que nos golpee el Señor ahí en Por eso el Señor decía en algunos momentos duros de servizó.
Nos cuesta entender ese gran amor que él nos ofreció. Espero que en este día aprendamos el consejo y el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, que se despojó de ser Dios a ser hombre y de ser hombre se humilló como un hombre de los más vilar a la muerte por salvarnos a cada uno de nosotros. que nosotros podamos hacer lo mismo ya con la gente que está alrededor nuestro, que podamos entregarle a la viuda, que podamos entregarle al pobre, que podamos entregarle al huérfano no solamente palabras, sino también hechos y realidades. Entonces, tenemos a un Abraham y tenemos a una viuda que lo entregó todo, todo, todo, todo.
Y si el hombre no mira eso, le aseguro que Dios sí lo mira. Amén. Y la cosecha siempre se recibe del cielo. Cuando usted siembra algo, usted no sabe cómo eso crece ahí.
Solo sabe que crece no más la cosecha. Usted no sabe si va va a ser buena cosecha, mala cosecha, mediana cosecha. Eso viene del cielo. Viene del cielo.
Por lo tanto, nos volvemos al Dios de la cosecha. Amén. Amén. Póngase de pie.
Disculpe por el tiempo, pero el hermano de allá está picado conmigo, por eso me puso un tiempo corto. Padre, le damos gracias por esta palabra. Bendecimos su nombre, Señor. Le agradecemos todas las cosas a usted, Señor.
Le pedimos en el nombre de Jesucristo que nos ayude, Señor, a mantener el amor en nuestras vidas, Señor, a mantener, Señor, la fe, a mantener esa confianza en usted, Señor, y a comenzar cada día de nuestra vida despojándonos, Señor, despojándonos, Señor, así como Cristo se despojó, Señor. nosotros aprendamos por medio del amor a entregar lo valioso, a entregar las cosas, Señor, que usted nos ha dado, Dios, en este día, en el nombre poderoso de Jesucristo, nuestro Señor. Gracias, Espíritu Santo, por su presencia en medio de este lugar. En el nombre de Jesús, amén.
Cantamos una canción cortita porque si no me van a poner tiempo otra vez. Gracias, Señor. Quiero conocer. en cada día más a ti, estar en tu presencia y adorar.
Revélanos tu gloria. Deseamos ir mucho más en ti. Queremos su presencia, Jesús, y al que está sentado en el trono, al que vive para siempre y siempre, sea la glor. Gloria.
Sea la honra y el poder. Sea la gloria, sea la honra y el poder. Y al que está sentado en el trono, al que vive para siempre y siempre. Sea la gloria, sea la honra y el poder.
Sea la gloria, sea la honra y el poder. Decláralo que está sentado en el trono. que vive para siempre y siempre. Sea la gloria, sea la honra y el poder.
Sea la gloria, sea la honra y el poder. Sea la gloria, sea la honra y el poder. Sea la gloria, sea la honra y el poder. Gracias, Señor.
Gracias, Señor. Gracias, Señor. Bien, iglesia. No me han mandado los avisos todavía.
Pero está claro que mañana hay discipulado. Están todos invitados a las 8 en el salón principal ladito y eh sábado nada y el y el domingo la reunión general. Venga, por favor. Este domingo vamos a tener un predicador del extranjero a que no es de Santa Cruz, di.
Extranjero de Chile. ¿Cómo se llama el J? Enrique Caron. Ya.
Él va a venir a predicar ya domingo, así que venga, invite a alguien. Él siempre obamente ora. Las veces que ha venido ora por la gente, ¿ya? Así es que invite a alguien.
Invite, invite, aproveche de invitar. Ya traiga a la suegra, al suegro, a la tía, a la prima, al primo, al esclavo. Si tiene. Ya.
Algunos dijeron amén. Está hermana, digo yo. Vamos a ofrendar. Amén.
Vamos a ver si nos vamos a despojar. Eh, sí, como que vamos a orar. Padre Dios todopoderoso, usted también se tuvo que despojar de su hijo al enviarlo a la cruz, Señor. Sin duda siempre, Señor, tendremos que despojarnos de algo en esta tierra, Señor.
Dios todopoderoso. Gracias por la ofrenda, Señor. Yo bendigo al que va a traer, Señor, una ofrenda como aquella viuda, Señor, que usted la miró. No por la cantidad de dinero que traía, sino porque ella lo traía todo.
Todo lo que tenía no tenía más, era su sustento. Señor, le pedimos perdón porque a veces traemos, Señor, solo de lo que nos sobra, Señor, y no lo miramos a usted que es el Dios todopoderoso. Ayúdenos, Señor, a tener un corazón lleno de amor. En el nombre de Jesús, amén y amén.
Yo le invito a que si usted trajo una ofrenda pueda pasar a darla acá. Gracias, Señor. Y al que está sentado en el trono, al que vive para siempre y siempre, sea la gloria, sea la honra y el poder. Sea la gloria, sea la honra y el poder.
Y al que está sentado en el trono, al que vive para siempre y siempre. Sea la gloria, sea la honra y el poder. Sea la gloria, sea la honra y el poder. Sea la gloria, sea la honra y el poder.
Sea la gloria. Gracias, Señor. Sea la honra y el poder. Gracias, Señor.
Adoramos su nombre, Señor. Adoramos su presencia. Que decimos gracias, Señor. Gracias por este día de reunión, Señor.
Esto es lo que somos, Señor. Gracias, amado Dios. Bendito sea su nombre en este día. Oramos por cada hermano, hermana, Señor.
Oramos por el que lo necesita. Oramos por el enfermo, Señor. Oramos, Señor, por aquel Dios que está, Señor, perdido, Señor. Oramos, Señor, para que usted, Dios, tenga misericordia, Señor, en el nombre poderoso de Jesucristo.
Despídanos, Señor, en paz y en comunión, Señor, los unos de los otros, más nunca jamás de su santa presencia. En el nombre de Jesús, amén y amén. Dios les bendiga, amada iglesia. Démosle un fuerte aplauso a nuestro Señor y nos retiramos a nuestros hogares.
Gracias.
Declaración
Dios les bendiga, amada iglesia. Démosle un fuerte aplauso a nuestro Señor y nos retiramos a nuestros hogares. Gracias.