Mensaje central
Yo buscaba un salvador, más su perdón me liberó. Hoy agradecimos, lo decimos, iglesia, todo. Vivía solo y sin consuelo y ahora soy ciudadano del cielo.
Momento de alabanzaExpandir
Nos gozamos contigo
Te seguimos alabando, Señor. Mi vergüenza me sepultó. Yo buscaba un salvador, más su perdón me liberó. Vamos, iglesia, lo decimos.
Muerto estaba en mi interior. Me escondía. de ti, Señor. Más su perdón a mí me liberó.
Tu voz me habló y a la muerte venció. Aleluya. Glorioso diría, tu sangre mecató. Tu voz me habló y a la muerte venció.
Glorioso día tu sangre me rescató. Vamos iglesia, lo decimos. Y ahora libre soy en tu amor. Es su gracia la que me sanó.
Como má su perdón a mí me liberó. Tu voz me habló. Y a la muerte venció glorioso día. Tu sangre me rescató.
Tu voz me habló. Oh, dígalo. Señor, glorioso día. Tu sangre me rescató.
Tú nos rescataste, Señor. Hoy agradecimos, lo decimos, iglesia, todo. De mi pecado me rescataste. En tu gloria cadenas se rompen.
Vivía solo y sin consuelo y ahora soy ciudadano del cielo. Tú me sanaste estando herido. Jesús, por tu amor yo respiro tu futuro. Tu voz meora.
Tu sangre rescató. Tu voz na y a la muerte venció. Tu sangre. Gracias, señora.
Amén. Iglesia, con ese mismo gozo. Salude a su hermano en este día. Salude a uno a dos que tenga su alrededor.
Abrácele fuerte. Dígale, «Qué lindo te ves alabando al Señor en este día. Gracias por ese esfuerzo que tú haces para llegar a la casa del Señor. Amén.
¿Cuántos están con alegría en ese día? Amén. Porque él es merecedor de toda alabanza, de toda adoración. ¿Cuántos creen eso?
Amén. Tu palabra me enseña que donde dos o más se reúnen en tu nombre, tú ahí estás y tú estás en medio nuestro. Señor, derrama de tu gloria en este día porque tú venciste al mundo, Señor. Tú nos das paz y tranquilidad.
Gracias, Señor. Tu inmenso amor inunda este lugar. Gracias, Padre Santo. Iglesia, te invito a que puedas levantar tus manos al cielo en este día.
Nos rendimos ante él. Llenamos nuestras copas de su presencia. Gracias, Padre Santo. Gracias, Señor, por estar con nosotros en este día.
Hoy te necesitamos, Padre. Necesitamos de tu abrazo, Dios. Aquel que sana todo, aquel que renueva todo. Gracias.
Gracias, Dios. Hua. Ah. Ah.
Yesu. y Mi amado es el más meo entre millares y millares. Mi amado es el más bello entre millones y millares. Mi amado es el más bello entre millones.
Mi amado es el más bello en ti. Yesu. Oh. Yesu.
Mi ama. El más bello en ti. Mi decláralo. Mi amado es el más bello entre mi am.
Es el más bello entre millar y millar. Mi amado es el más bello en mí. Mareé, miraré más la iglesia será arrebatada en un cerrar de ojos. Más la iglesia será arrebatada.
de ojos acontecerán. Más la iglesia será arrebatada en un cerrar de ojos. Y Jesús. Vamos, levanta tu voz y dilo.
Ah. Yo. Ah. Ah.
Mi amado es el más de millares y millares. Y amado es el más bello miraré y miraré. Mi amado es el más bello entre decláralo. Mi amado es el más bello entre millares.
Aré amado. Mi amado es el más feño entre millones y mi ll. Levanta tu voz, Jesús. Yesu viene Yeshua.
Yesu. Yesu. Mi amado es el más bello y millaré yaré. Mi amado es el más de humillaré y humillaré.
Padre, gracias te damos en esta tarde. Qué bueno es poder estar congregados. Qué bueno es poder estar reunidos alabando, exaltando, bendiciendo tu nombre. Reconocemos, Dios, que lejos de usted, sin usted, nada podemos hacer.
La Biblia señala que tú eres la vid. Nosotros somos el pámpano. Te damos gracias, Dios. Gracias por la oportunidad, Dios.
Gracias por permitirnos estar reunidos, congregados, Señor, arraigados en ti. No, no, no desarraigados, no, no sacados, no apartados de ti. Apartados de ti, Dios mío, perecemos. Apartados de ti, Señor, fallecemos.
Gracias. Apartados de ti, Dios mío, no podemos avanzar. Morimos, Señor. Nos falta el aire, nos falta la vida, Dios mío.
El apóstol Pablo en su carta a los romanos dice, «Para que de tu presencia, Dios mío, vengan tiempos de refrigerio a nuestra vida. Eres tú, Dios, el que sopla aliento de vida. sobre nuestra vida y nos permite, Señor, avanzar, crecer, desarrollarnos. Damos a ti la gloria, mi buen Dios.
Damos a ti la honra. Damos a ti la alabanza, la adoración y la exaltación. Fluye tú, Espíritu Santo, en esta tarde. Gracias.
Fluye tú, Espíritu Santo. Gracias, gracias. Gracias. Gracias Dios, por tu fidelidad, por tu bondad, por tu misericordia.
Gracias, gracias, gracias Espíritu Santo. Podemos levantar nuestras manos al cielo, iglesia. Aleluya. Oh, vamos.
Comienza a darle gloria. Comienza a darle gloria. Comienza a darle gloria. Gloria.
Gloria. Gloria. Gloria. Gloria.
Comienza a darle honra, honra, alabanza, adoración. Oh, vamos. Comience a adorar a Dios. Comienza a adorar.
Adorar. Adorar. Adorar. Adorar al Rey.
Adorar al Rey. Adorar al Rey. Oh Dios, te adoramos. Oh Dios, te adoramos.
Oh Dios, te adoramos. Te adoramos. Te adoramos. Te adoramos.
Te adoramos. Vamos, iglesia. Adore, adore, adore, adorea, Señor. A ti da gloria, a ti da gloria, a ti da gloria, a ti da gloria.
Oh, reoa. Te adoramos, Señor. Oh, Dios, te adoramos. La red.
Oh Dios, fluye Espíritu Santo, fluye Espíritu Santo. Gracias, gracias por este tiempo, Señor. Gracias, Espíritu Santo. Oh, Dios, te adoramos.
Gracias. Oh, llena nuestras vasijas. Llena nuestras vasijas, Dios mío. Llénalas, llénalas, llénalas.
Gracias, Dios. Gracias, Espíritu Santo. Gracias. En el nombre En el nombre de Jesús, le damos un fuerte aplauso a nuestro Señor, por favor, iglesia.
Mantenga este aplauso. Todo lo que respira alaba al Señor. Todo lo que respira alaba al Señor. Aleluya.
Amén. Dios nos bendiga, iglesia. Que Dios nos bendiga. ¿Por qué no?
Por favor, aproveche. Dele un buen abrazo al que está ahí cerca suyo, lo bendice en este día. Qué bueno poder juntos alabar. Muchas gracias, muchachos.
Qué bueno poder exaltar y glorificar juntos el nombre, el nombre del Señor. Bien, qué bueno. ¿Cómo está? Aleluya.
Bien. Quiero quiero invitarles, por favor a que podamos abrir nuestras biblias en el libro de Lucas, capítulo número 17, por favor. Muchas gracias. Se pasaron Lucas 17 verso 11.
Quiero recordarles que este domingo nos congregamos. Este domingo tenemos plantados, no, no se olvide, a las eh 9:20, ¿no? Amor, gracias. 9:20 eh tenemos plantado, 9:30 tenemos oración y eh 10 estamos dando inicio a nuestra reunión.
Así que todas las personas que llevan algún tiempo con nosotros eh poco mucho y no han pasado por plantado, es importante poder estar este domingo y eh por supuesto todos quienes quieren servir también es necesario que pasen por eh plantados. Lucas capítulo número 17 verso 11. nos estamos preparando. Recuerde que la próxima semana tenemos el hermánate, las hermanas, así que va a ser una linda y una hermosa bendición.
Y quiero que usted anote esta fecha, también la vamos a estar eh anunciando ya el el domingo. Con ayuda del Señor vamos a dar más detalles, pero eh si no me equivoco es lunes 8 de junio. Lunes 8 de eh de junio vamos a tener una reunión bien linda de adoración, de búsqueda del Señor. ¿Y por qué el lunes 8 de junio?
Porque el lunes 8 de junio se celebra Pentecostés. Se celebra Pentecostés en este en este año. Recuerde que Pentecostés se celebra 50 días después de de la de la Pascua, cuando nosotros este fin de semana celebramos el domingo de resurrección. usted cuenta 50 días después y eh se celebra Pentecostés.
Entonces, yo yo quiero que podamos ese día tener una una reunión, generalmente coincide con nuestros tiempos de oración, pero es una reunión especial de búsqueda y y de llenura del Espíritu Santo sobre nuestra vida. Así que yo creo que va a ser bien bien lindo poder estar eh reunidos ese día. Lucas, capítulo número 17, verso 11, dice la escritura. Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.
Al entrar en una aldea, le salieron al encuentro 10 hombres leprosos. ¿Cómo estaban los hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz diciendo Jesús, maestro, ten misericordia de nosotros. Cuando él los vio, les dijo,
Vayan y muéstrense a los sacerdotes.
¿Quiénes fueron limpiados? Los leprosos. Muy bien. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió glorificando a Dios a gran voz y se postró rostro en tierra a sus pies dándole gracias, y este era samaritano.
Respondiendo Jesús, dijo,
¿No son 10 los que fueron limpiados? ¿Y los nueve dónde están?
No, no seas de los no seas de los nueve. No hubo quien volviese y diese gloria a Dios, sino este extranjero y le dijo, levántate, vete. Tu fe te ha tu fe te ha salvado. Padre, gracias.
Te pido con todo mi corazón. Permite que esta palabra corra y sea glorificada en cada uno de nosotros en este día. En el nombre de Jesús. Amén.
Y amén. Dele un fuerte aplauso a su Señor, por favor. Bien, esta historia es una historia bien bonita, bien linda de poder observar, de poder ver, ya que tiene relación con la sanidad, con el milagro en favor de 10 de 10 leprosos. Y sin duda es una historia linda de poder observar lo que hemos leído.
No es una parábola. Lo lo que hemos leído no es una historia o un cuento que Jesús está relatando, sino que es un hecho que acontece, que sucedió en el ministerio, en el ministerio de Jesús. Esta esta historia solamente la encontramos en el evangelio de de Lucas. Lucas eh se toma el tiempo de poder contar esta historia, de poder relatar lo que había acontecido, lo que había sucedido con estos hombres.
Y como dije, es una historia bien bonita porque es la sanidad, la libertad de una enfermedad que en aquel tiempo no tenía no tenía cura y solamente un milagro en favor de la vida de aquellos que estaban leprosos podía literalmente volverlos a la vida, ya que el hecho de tener lepra en aquel entonces implicaba por un lado ser apartado de la familia. Por otro lado, implicaba ser considerado una persona inmunda para la sociedad. Pero también existía un tercer factor y es que sí o sí terminabas muriendo. La lepra provocaba la muerte en las personas.
Y la Biblia nos enseña cómo estos 10 leprosos fueron sanados y Jesús ve como solamente uno regresa a darle las gracias a Jesús por el milagro. Y es interesante poder observar como la Biblia declara que era samaritano. Este domingo hablábamos precisamente de Jesús y la mujer samaritana y cómo esta mujer habla una realidad que sucedía entre judíos y samaritanos, que era que no se llevaban entre sí. vemos esa separación entre judío y samaritan eh aproximadamente en el siglo 8 antes de Cristo venía ya esta disputa que fue avanzando década tras década, siglo tras siglo, y que no tan solo era una separación ya por el solo hecho de ser uno samaritano y otro judío, sino que implicaba una separación eh desde la perspectiva cultural, social, religiosa y un largo, etcétera, que provocaba que tanto un grupo como otro no tuviese no tuviese relación alguna.
Pero es interesante poder observar, y me llama la atención cómo cómo la lepra, querido, querida, les hace olvidar que uno de ellos era samaritano. Es interesante observar, ver como la Biblia, vuelvo y digo esto, mostraba la separación entre samaritanos y judíos. Esta mujer samaritana que está en el pozo y Jesús le pide agua.
Esto lo leemos en Juan capítulo número cuatro
Esto lo leemos en Juan capítulo número cuatro. Podemos observar como esta mujer habla abiertamente de que judíos y samaritanos no se trataban entre sí, no se llevaban bien. Pero es interesante, repito, poder observar como la lepra hace olvidar que uno de ellos era samaritano y que nueve de ellos era judío. Y y creo que para caminar en bendición siempre, querido, querida, es necesario el el enfoque correcto en nuestra vida.
Si si yo quiero caminar hacia un a un rumbo de bendición, necesito de una u otra manera el enfoque, repito, correcto, correcto de mi vida.
Aplicación
y veo y y quiero hacer énfasis en esto, por favor, en los próximos segundos, pero quiero llevarte un punto, cómo como la lepra en el caso de de estos hombres, repito, les hizo olvidar que uno de ellos era samaritano, como que ya no importaba tanto si uno era samaritano, si el otro era judío, porque de una u otra manera los 10 tenían en la misma condición, los 10 tenían la misma enfermedad, los 10 de una u otra manera iban iban a perecer. y me gusta esta palabra porque eh es interesante, vuelvo vuelvo al mismo punto. El el ver cómo cómo la lepra empieza a estar por sobre las diferencias culturales, religioso que esos nueve hombres tenían para con el décimo. ¿Cómo?
¿Cómo ya no importaba la cultura? cómo no importaba la religión, cómo no importaba el que uno era samaritano, los otros nueve eran judíos, sino que todos tenían la misma enfermedad, todos tenían esa lepra. Entonces, de una u otra forma veo que estos 10 hombres están enfocados no en lo que los separa, sino en lo que los une. Pueden pueden caminar juntos, no a causa de darse cuenta lo que los separa, sino darse cuenta que los 10 tienen un común un común denominador.
Creo, creo que nosotros somos bendecidos cuando nos enfocamos más en lo que nos une que en lo que nos separa. Creo creo y y quiero repetir esto, por favor. Creo que nos bendice más el enfocarnos en las cosas que nos unen, en enfocarnos en las cosas que que nos unen a las cosas que nos que nos separan. Y y verdaderamente cuando nos enfocamos en las cosas que nos unen, son precisamente esas las que tienen un mayor un mayor valor.
Como y y quiero repetir esto, por favor, como a 10 hombres leprosos se le olvida que nueve son judíos, que uno es samaritano. ¿Por qué? Porque el el enfoque dónde está en que los 10 son leprosos. E es algo mayor lo que los une porque están los los 10 enfermos.
Y por último nos vamos a cuidar entre nosotros, vamos a a tratar de estar bien entre nosotros. Creo que nosotros cometemos errores cuando comenzamos a darnos cuenta o comenzamos a observar más las cosas que nos separan a la que nos une. Por eso, por eso me gusta esta palabra, me gusta y me bendice esta historia, porque veo la unidad en pos de algo, repito, que les une, no que les separa. Y y creo que vale la pena agradecer a Dios eh el tener un lugar que nos une, el tener un lugar que nos une y este lugar es como un leprosario en donde tú y yo somos leprosos porque tenemos problemas, porque tenemos dificultades, porque tenemos enfermedades.
Porque tenemos situaciones que Dios tiene que tratar con cada uno de nosotros. Entonces, ¿dónde está la bendición en darme cuenta de que de que no importa si tú eres samaritano, si yo soy judío, sino entender que estamos en un leprosario y en este lugar Dios nos sana, que que es en este lugar donde Dios nos bendice, que que es en este lugar donde Dios donde Dios nos restaura, donde Dios comienza a hacer una obra en nuestra en nuestra vida que no importa si vienes de Apalta, que no importa si vienes de Lol, de Chépica, de Nancagua, de Santa Cruz, de de de la parte que tú vengas, si estás en la zona rural, si estás en la zona urbana, creo que todo eso carece de sentido cuando cuando nos damos cuenta que aquí lo que nos une y que lo que nos bendice es es el Señor. Amén. es saber que que hay un Dios que que nos sana, hay un Dios que no nos juzga ni nos aparta por la lepra que nosotros podemos que nosotros podemos tener.
Entonces, en base a eso considero y creo que es mucho mejor enfocarnos en las cosas que nos unen y no en las que nos separan. e enfocarnos en en la familia, enfocarnos en el matrimonio, enfocarnos en nuestros hijos, enfocarnos en en la misma iglesia, en las cosas no que nos separan, sino en las que nos unen. Creo que cuando tú y yo nos damos cuenta, vuelvo y repito, de que de que es Dios el que nos sana, de que es Dios el que hace la obra en nuestra vida, el que tú seas judío, el que yo sea samaritano, comienza a carecer de importancia, comienza a carecer de de valor, porque el valor, ¿dónde está? O el valor, ¿quién quién lo atribuye?
¿Quién quién lo provoca Dios en nuestras en nuestras vidas? Entonces, en el en el caminar, querido, querida, Dios va haciendo la obra. En el en el caminar, Dios va haciendo la obra.
Primeros Pasos
Y me gusta por eso la riqueza del texto literario que que es Jesús el que les dice, «Vayan y preséntense al sacerdote y mientras ellos van caminando, dice la escritura que entonces en un momento, no sé si fueron en los 10 primeros pasos, no no sé si fueron en los últimos pasos casi llegando delante del sacerdote, pero en algún momento del caminar Dios hizo la obra en esos en esos leprosos. Y creo que mientras tú y yo caminamos con el Señor, voy a repetir eso, por favor. Creo que mientras tú y yo caminamos con el Señor, Dios hace una obra en nuestra vida. Mientras tú y yo caminamos con el Señor, Dios empieza a tratar con nuestra vida.
Dios empieza a tratar con nuestro corazón. Dios comienza a tratar con nuestro espíritu. Dios comienza a hacer una obra en nuestra vida. La Biblia dice que aquel que comenzó la buena obra es fiel en completarla.
Y el apóstol Pedro dice que esa obra el mismo Dios os perfeccione o afirme, fortalezca y establezca. Pero es en el caminar con el Señor. E es cuando tú y yo le le obedecemos, le obedecemos a él. E es cuando tú y yo le le obedecemos le obedecemos a él.
Por eso, vuelvo y repito, creo que la importancia dónde está y y es eso lo que me bendice esta palabra, que no importa si tú eres samaritano o si yo soy o si yo soy judío, que que que si tú eres samaritano, repito, o si yo soy judío, porque los 10 estaban estaban leprosos, porque los 10 estaban leprosos. Y aquí nadie, querido, querida, puede venir a sacarle en cara los pecados unos a otros, porque todos estábamos destituidos de la gloria de Dios. Todos estábamos, repito, destituidos de la gloria del Señor. La paga del pecado era muerte.
Era muerte para tu vida, para mi vida. La paga del pecado era era muerte. Pero bendito sea Dios. Bendita sea Dios.
Y y lo que nos une, amado, amada, lo que nos une en este lugar no es que tú seas de la U, que yo sea de la U, que tú eres de Colo Colo, que otro es de la Católica. Lo que nos une no es que tú seas naranjo y yo soy amarillo, que que tú eres de la derecha, que yo soy de la izquierda, no nos une nada de eso. Lo único que nos une, amado, es la obra que Cristo está haciendo en cada uno de nosotros. Y ese tiene que ser nuestro enfoque.
Ese tiene que ser nuestro enfoque. El que Dios está haciendo una obra en ti, el que Dios está haciendo una obra, una obra en mí. ¿Cuándo? ¿Cuándo dejan ya de de de de manifestarse las etiquetas?
Cuando me doy cuenta que no importa del color político que soy, no importa del del equipo de fútbol que soy, no importa la situación económica que pueda tener, más allá de todo eso era un vil leproso al igual que usted. ¿Y quién es el que hace la obra? El Dios todopoderoso que nos va sanando, que nos va restaurando, que nos va bendiciendo, que nos va limpiando mientras caminamos. con el Señor.
Es Dios el que hace la obra. E en el caminar Dios hace una obra. Dios hace una obra poderosa en tu vida. Dios hace una obra poderosa en mi vida.
Por eso, lo mejor que nosotros podemos hacer es caminar con gratitud en nuestro corazón. Señor, es caminar con gratitud en nuestro corazón. Creo que que de vez en cuando nosotros debemos recordar que es un gran milagro el que nosotros estemos en este lugar. Amén.
Creo que de vez en cuando, creo que de tiempo en tiempo, vale la pena detenernos y agradecer y entender que el estar en un lugar como este es un gran milagro. Y no me refiero al lugar físico, sino me refiero al hecho de caminar con el Señor, al hecho de caminar y de que tú y yo seamos hijos del Rey de Reyes y del Señor de los Señores. Que la lepra tuya, que la lepra mía no le importó al Señor, sino que él comenzó a hacer una obra para que tú y yo estuviésemos limpios para él, bendecidos para él. Por eso vale la pena enfocarse no en lo que nos separa, sino enfocarnos en lo que nos une.
Porque sabes qué, diferencias vamos a tener en la vida, diferencias vamos a tener en el caminar, pero lo que nos une siempre va a ser lo que el Señor ha hecho en cada uno de nuestras vidas. Que yo siendo un leproso samaritano y usted siendo un leproso judío, a ambos el Señor nos sana. A ambos el Señor nos restaura, a ambos el Señor nos bendice. Y esa capacidad de sanarnos y de restaurarnos no es por lo que usted es.
Entiéndalo de una buena vez, no es por lo que usted es. No es por lo que usted es, porque usted y yo simple y sencillamente éramos leprosos. Eso es lo que éramos. Simple y sencillamente, perdóneme que diga este término, por favor, pero viles leprosos, viles leprosos.
Y el que hizo la obra en nosotros fue el Señor. Fue el Señor. No sé si por favor puede puede mirar a su hermano y y decirle, pero con mucho amor y con mucha fuerza, dígale, «Bájate esa nube.» Amado, vamos. Dígale a alguien, por favor, mira, bájate, bájate de esa, bájate de esa nube.
Porque la realidad, querido, querida, es que usted y yo saben lo que somos verdaderos leprosos. Saben lo que éramos, verdaderos leprosos. Y el único que ha hecho una maravillosa obra en nuestra vida, ese ha sido el Señor. Si algo tenemos, es gracias a él.
Si algo podemos tener, es gracias a él. Si un futuro tenemos es gracias a él. Y si algo podemos decir y si en algo nos podemos jactar es por lo que él ha hecho en nuestra vida. Por ninguna otra cosa.
Por ninguna otra cosa. Por eso me gusta esta historia, porque no se trata de que si eres samaritano o judío, al fin y al cabo éramos leprosos. éramos éramos leprosos. Éramos leprosos.
Y y es interesante, amado, amada, poder observar cuando usted ve el relato del libro de los del Éxodo, cuando Moisés va a sacar al pueblo de Israel, nosotros generalmente recordamos una señal que Moisés presenta delante del pueblo. Y la señal que nosotros siempre recordamos es el hecho de que la vara de Moisés se convierte en serpiente. Pero la verdad es que fueron dos acciones o o fueron, mejor dicho, dos manifestaciones las que Dios le entregó a Moisés para con el pueblo de Israel. Y una que nosotros conocemos, la vara cambiada en serpiente como un milagro e que se evidencia delante de todos los demás.
Pero la segunda evidencia es mucho más poderosa porque la Biblia dice que Moisés lo que hace es meter su mano dentro de su túnica. Cuando la saca, ¿cómo estaba la mano? estaba leprosa y era una señal para que Israel no se olvidara de que ellos estaban cautivos por causa de su pecado. Durante 430 años a Israel se le olvidó clamar delante de Dios.
Pero el día en que ellos comenzaron a clamar, se dieron cuenta que por más leprosos que ellos estaban, había un libertador, había un Dios poderoso que los sacaba de muerte a vida. Y señoras y señores, esa es la señal más grande que usted y yo jamás debemos olvidar, que un día nosotros estábamos leprosos, estábamos muertos en delitos y en pecado. Y si somos sinceros, muchas veces cada día seguimos pecando y seguimos llenándonos de lepra. Pero la gracia de Dios que cae sobre cada uno de nosotros es mucho mayor.
Su misericordia es mucho mayor y nos permite comprender y entender que a pesar de que seguimos caminando y muchas veces cometiendo errores, el Dios que camina a nuestros lados nos toma, nos fortalece, nos bendice y nos permite seguir adelante creyendo que el que comenzó esa buena obra será fiel en completarla en cada uno de nosotros. Pero la gloria es para Dios. Pero la gloria es para el Señor. Entonces, la gratitud, amado, caminemos con gratitud en nuestro corazón y cada día, cada mañana dele gracias al Señor porque él nos sacó de la lepra.
Porque él nos amado, amada, porque él nos sacó de la lepra. Y cada vez que usted se quiera agrandar un poquito, métase la mano, sáquela y recuerde que estamos y estábamos llenos de lepra y la obra de Dios. Por eso necesitamos seguir conectados con el Señor. Necesitamos estar firmes con el Señor.
Necesitamos estar no apartados del Señor. 10 leprosos. Ahora, el problema es que de esos 10 solamente uno volvió a darle gracias. Y esa es una realidad que hasta el día de hoy muchas veces se hace manifiesto en nuestras vidas, que se nos olvida, que si no se ve la lepra en nuestra vida es por causa de lo que Dios hizo en nosotros.
Si de repente usted y yo no nos vemos leprosos delante de los demás, es por causa de la obra que Dios ha hecho en nuestra vida. Por eso es la extrañeza de Jesús. No eran 10 los que fueron limpiados. Solo este extranjero viene a agradecer.
Porque amado, amada, muchas veces cuando va pasando el tiempo, cuando va pasando el tiempo, tenemos la tentación de querer apuntar al otro cuando se nos olvida que todos éramos leprosos, cuando se nos olvida que todos éramos leprosos. Sea de ese uno, por favor. sea de ese uno, que cada día nos levantemos y le digamos, «Señor, gracias porque estaba leproso y tú me has sanado, Señor. Gracias porque estaba leproso y tú provocaste vida en mi vida.
Señor, gracias porque estaba leproso y creo que este es un buen día para recordar, para recordar que es y ha sido la misericordia de Dios en nuestra vida, que ha sido la misericordia del Señor en nuestra vida, porque ya sea que llevamos 20 años, 10 años, 5 años, 2 años, 3 años o un par de semanas, la realidad sigue siendo la misma. Éramos leprosos y Dios nos limpió. Éramos leprosos y Dios nos limpió. Entonces, qué importante es recordarlo cada cada día.
es presentarnos delante del Señor, presentarnos delante del Señor y decirle,
Señor, gracias porque todo lo que tengo es por ti, porque todo lo que yo puedo llegar a hacer es por ti, porque todo lo que puedo llegar a generar es por ti.
Bájate de ese pedestal. Hay textos, querido, querida, que a mí no me gustan mucho, pero cuando veo y encuentro citas como esta, recuerdo por qué están ahí. Como por ejemplo cuando Dios nos dice, gusano de Jacob, arrastrado ahí en la tierra. Esa era la realidad.
Porque, amado, amada, muchas veces cuando nosotros se nos olvida y ya no tenemos la lepra, creemos que es por obra y gracia nuestra. Y eso es lo que precisamente le sucedió a nueve leprosos, que se le olvidó que la obra la había hecho el Señor. Y que no se te olvide a ti y a mí que la obra la ha hecho el Señor, que si todavía nuestro matrimonio está en pie es gracias al Señor, porque con el carácter que usted tiene hace rato debía haber estado solo, con el comportamiento que usted tiene. Y por eso estoy predicando acá, para que nadie diga que con el comportamiento que usted tiene, con el caracho que usted tiene, con la forma en que usted tiene, hace rato se debió haber quedado solo.
Pero es Dios el que nos sostiene. Es Dios el que sostiene nuestros hijos. Es Dios el que sostiene nuestro matrimonio, el Dios el que sostiene nuestra familia, es Dios el que sostiene nuestro trabajo, es Dios el que sostiene nuestro negocio. Amado, amada, si hay algo que vale la pena hacer cada mañana, por favor, nunca se le olvide esta palabra ir y lo primero que hacer al despertar y abrir los ojos, Señor, gracias.
Gracias porque era un leproso y tú me sanaste. Gracias porque era un leproso y tú me diste vida. Gracias porque era un leproso y quizás han pasado las semanas, los meses, los años, por qué no decirlo y estamos tan habituados ya a ser evangélicos que parece que es un derecho adquirido el que Dios nos no nos escuche y nos bendiga y se nos olvida, señoras y señores, que somos viles leprosos y que por la misericordia de Dios hoy tenemos lo que tenemos. Hoy somos lo que somos.
Hoy tenemos lo que tenemos y hoy somos lo que somos. Así que una última vez, por favor, dígale a su hermano. Ya sabe qué decirle. Bájate, bájate de esa nube.
Bájate de esa nube. Pu puede decírselo a alguien, por favor, pero bien fuerte, así con vos, que yo lo pueda escuchar. Dígale, «Bájate de esa nube.» Ah, bájate de esa nube. Usted no sabe, pastor, es que Dios me habla a mí y te puede hablar todo lo que quieras, pero eres un leproso igual que yo.
Pastor, usted no sabe los dones que tengo, todos los dones que usted quiere, pero leproso. Usted no sabe el ministerio que yo tengo, todo el que tú quieras, pero leproso. Y es por la gracia de Dios que tenemos lo que tenemos. Y es por la gracia de Dios que él nos puede seguir bendiciendo.
Pero, ¿sabe a quién Dios bendice? No al soberbio, sino al humilde. La Biblia dice que Dios mira de lejos al soberbio. Dios mira de lejos al soberbio.
Da gracia al humilde. Y no hay nada más hermoso, amado, amada, que levantarnos tod todos los días y agradecer a Dios, porque todo lo que tenemos es gracias. Es gracias a él. Le podemos dar un fuerte aplauso al Señor.
Amado, amada, seamos agradecidos y que nuestro corazón no sea dañado. Póngase de pie, por favor. Vamos a orar. Creo que hay episodio, sin duda, de mucha bendición en la escritura y hay episodios tristes también en la escritura.
Creo que este momento en que Jesús le dice a ese único leprosos no más, muchachos, por favor, ¿dónde están los otros nueve? No eran 10 los que fueron sanados. Jesús sabía que los 10 habían sido sanados. Creo que ese es un episodio triste.
Creo que no no es una historia alegre en ese momento para el Señor. Eh, es un es un es un momento triste. Es un momento triste y considero que de repente cuando nosotros queremos hacer más énfasis, queremos hacer más énfasis en los detalles que nos llaman a ser samaritanos o judíos, por sobre el que éramos leprosos, va provocando precisamente que se vaya olvidando la gratitud en nuestro corazón. ¿Y por qué es importante la gratitud, querido querida?
Porque la gratitud es la memoria del corazón. La gratitud es la memoria en la memoria del corazón. H han han pasado. Yo el año pasado les decía, cumplimos 20 años, creo.
Sí, 20 años pastoreando. 20 años como pastor. Pero no hay un día en mi vida que no tenga que agradecerle a Dios por lo que él ha hecho en mi vida. Porque si no fuera por él, ¿dónde estaría?
Si no fuera por él, ¿dónde estaría? Si no fuera por él, ¿dónde estaría? Y el título de pastor me puede servir como una armadura como le servía a Amán para presentarme delante de los demás desde una perspectiva valerosa. Pero al llegar a mi tienda y sacarme la armadura, sigo siendo una persona leprosa.
y que ha sido la gracia de Dios y ha sido la misericordia de Dios y ha sido la bondad de Dios y ha sido lo bueno de Dios, lo que nos ha permitido ver su mano sobre nuestra vida. Amado, amada, agradezca a Dios. Agradezca a Dios su título, su profesión, su hogar, su familia, su casa, lo que tiene. Dele gracias a Dios.
Diga al Señor. Gracias. Has sido tú, Dios. Has sido tú que en el caminar has tocado mi vida.
Yo no quiero ser de esos nueve. Espero que usted tampoco. Que nos olvidemos, que nos olvidemos de que ha sido Dios en favor. En favor.
Podemos cerrar nuestros ojos, querido iglesia. cierre sus ojos, por favor cierre Oh Dios, te adoramos. Aunque pase el tiempo, sé que tu promesa cumplirás. Nada en ti se perderá.
Esa es mi seguridad. Tus cuerdas de amor cayeron sobre mí. Oh, tus cuerdas de amor cayeron sobre mí. Es su amor que me sostiene, el que me levanta, el que me da paz, me da seguridad.
Es su amor que me sostiene, el que me levanta, el que me da paz, me da seguridad de lo que vendrá. Tú tienes el control, nunca pierdes el control. Escucho el eco de tu voz resonando en mi interior. Tus palabras me sostendrán.
Esa es mi seguridad. Los veros están cayendo. Hoy puedo ver con claridad. Mi fe se está encendiendo y hoy me vuelvo a levantar.
Es su amor que me sostiene, el que me levanta, el que me da paz, me da seguridad. Es amor que me sostiene. El que me levanta, el que me da paz, me da seguridad. y de lo que vendrá.
Tú tienes el control, nunca pierdes el control. Dígalo. Es su amor. Es su amor que me sostiene.
El que me levanta, el que me da paz, me da seguridad. que me sostiene su amor que me sostiene. El que me levanta, el que me da paz, el que me da paz me da seguridad de lo que vendrá. Tú tienes el control, nunca pierdes el control.
y de lo que vendrá. Tú tienes el control, nunca pierdes el control. Padre, gracias. Gracias por lo que hiciste, Dios, por lo que haces, por lo que seguirás haciendo en nuestra vida.
Señor, sin ti nada, nada podemos hacer. Sin ti, Dios, desfallecemos. Sin ti, Dios, perecemos. Milagro tras milagro has hecho en nuestra vida.
Milagro tras milagro has hecho en nuestra vida. Señor, tú nos tomas de la mano, nos rescatas y en el caminar contigo, Dios, tú haces la obra en nuestra vida. Tú, Dios, vas borrando esas letras. Aquí estamos, Señor.
Aquí estamos. Señor, dispuesto a que sigas haciendo la obra en nuestra vida. Me gusta tanto, Dios, como Pablo declara, no pretendo haberlo alcanzado, pero una cosa hago, prosigo el blanco, prosigo la meta, Dios mío, Señor, gracias, Señor. Bendícenos.
Glorifícate, Dios. Glorifícate, glorifícate, Dios. Su amor que me sostiene. El que me levanta, el que me da paz, me da seguridad.
En su amor que me sostiene, el que me levanta, el que me da paz. am su amor que me sostiene. El que me levanta, el que me da paz, me da seguridad de su amor que me sostiene. El que me levanta, el que me da paz.
Me da seguridad de lo que vendrá. Tú tienes el control. Nunca tienes el control. Nunca tienes el control.
Señor, el control de lo que vendrá y de lo que vendrá. Tú tienes el control. Nunca pierdes el control. Vamos a hablar más de lo que vendrá y de lo que vendrá.
Tú tienes el control. Nunca pierdes el control. Sí, Señor. Lo que ha entrado.
Oh, tú tienes el control. Tú tienes el control, Dios. Tú tienes el control. Tú tienes el control, Dios mío, de nuestra vida.
Control, Señor. Aleluya. Le damos un fuerte aplauso a nuestro Señor, por favor. Es amor que me sostiene, el que me levanta, el que me da paz, me da seguridad de su amor que me sostiene.
El que me levanta, el que me da paz, me da seguridad de lo que vendrá. Bien, ¿qué le parece si tomamos nuestra ofrenda esta en este sentir? Vamos a dar una ofrenda. Ahora una ofrenda de gratitud, no de leproso, sino una ofrenda porque éramos leproso y Dios nos ha bendecido.
Élamos leprosos y Dios nos ha sanado. Si usted necesita sobre de diezmo, ahí está mi hermana Yasinadia. Si usted necesita sobre de diezmo, vamos a honrar al Señor, agradecer a Dios por lo que él ha hecho en nuestra vida. Tome su mejor ofrenda.
Permítame orar por su ofrenda. Si usted va a hacer su ofrenda a través de transferencia, ahí está el código UQR, los datos. Permítame orar. Padre, gracias.
Todo es tuyo. Lo recibió. De tu mano damos, te honramos y te exaltamos con todo el corazón. Tú eres el Dios que camina a nuestro lado.
Tú eres el Dios que sana nuestras lepras. Dios, permítenos ser de ese uno que cada mañana, Señor, se presente delante de ti a darte gracias porque estábamos muertos, pero tú nos diste vida. Estábamos leprosos y tú nos sanaste. Estábamos perdidos y tú nos rescataste, Señor.
No teníamos nada y tú nos has dado todo, Padre. Gracias en el nombre de Jesús. Amén. Amén.
Póngase de pie. Por favor, traiga su ofrenda. Aleluya. Vamos a ofrendar con gozo.
Vamos a ofrendar con alegría a nuestro Señor. Es amor que me sostiene. El que me levanta, el que me da paz, me da seguridad. Es tu amor que me sostiene.
El que me levanta. El que me da paz me da seguridad y de lo que vendrá. Tú tienes el control, nunca pierdes el control. Amén.
Bien, póngase de pie, por favor. Vamos a rogar la bendición del Señor. Así que ah les recuerdo, quiero recordarles rápidamente mañana 20 horas del discipulado invitados todos el domingo 9:20, no se lo olvide. Plantado.
Es importante que vengamos a plantados. Plantados en la casa del Señor es que nosotros prosperamos. plantados en la casa del Señor, es que nosotros somos bendecidos. Así que levántese temprano el domingo.
Recuerde que el domingo no es para ir a la feria, después vaya a la feria, no es para salir, después salga. El domingo es el día es el día del Señor. El domingo es el día del Señor. ¿Sabe por qué en Levítico, en Levítico, fíjese en esto, era Éxodo Levítico, no recuerdo, alguien que me ayude.
Creo que era Éxodo o Levíticos, no recuerdo. Ayúdeme usted. Pero dice que hay un hombre que está recogiendo leña en día sábado. Entonces preguntan a Moisés,
Señor, ¿qué hacemos?
Porque hasta ese entonces, si tú recogías el día sábado leña, no todavía no sabía qué pasaba. Pero el día sábado o el día o el séptimo día ya está establecido como día de reposo.
Número clarito. Mátenlo. Pero ahí estaba. Mátenlo.
Muera. Ahora uno, un uno dice, ¿por qué tan categórico? Porque lo que Dios estaba estableciendo era que ese día, ese día era de reposo, era para él. Usted nunca se ha preguntado por qué entre 10 mandamientos que tienen relación con temas morales aparece guarda el día de reposo.
Porque ese guardar el día de reposo tiene relación con el resto de los mandamientos. Cualquiera los puede cumplir. Cristianos, católicos, cualquiera. Sistemas morales, cualquiera los puede cumplir, pero guardar el día, eso tiene relación con relación con Dios.
Y ese día de reposo para usted y para mí, domingo, día del Señor. No para recoger leña, no para ir a la feria, después va a la feria, no para ir a la playa, después v a la playa. Primero el Señor. Primero el Señor.
Así viniendo nosotros recordamos que éramos leproso y que Dios nos ha bendecido. Amén. Ya. Que se vaya el pastor.
Está bien, Señor. Gracias. Ha sido bueno. Despídenos en paz, en comunión los unos otros, más nunca, jamás de tu presencia.
Permítenos estar el domingo, Señor, orando, buscando tu rostro. Bendice a cada uno de mis hermanos que va a estar en el plantado, Señor. Va a ser una bendición aquello. Permítenos estar el domingo en la mañana buscando tu rostro y buscando tu presencia.
Señor, despíenos en paz, en comunión los unos de los otros, más nunca jamás de ti, en el nombre de Jesús. Amén. Y amén. Dele un fuerte, un fuerte aplauso a su Señor.
Por favor, despídase de su hermano, despídase de su hermana. Permítanos llegar a la puerta para despedirnos de usted.
Declaración
Dele un fuerte, un fuerte aplauso a su Señor. Por favor, despídase de su hermano, despídase de su hermana. Permítanos llegar a la puerta para despedirnos de usted.