Servicio: Jueves 07/05/2026 — Ver en YouTube

Gracias por estar en la casa del Señor. También saludamos a quienes nos ven a través de las plataformas digitales, a quienes nos escuchan a través de la radio. Les bendecimos. Le decimos que lo que sucede acá también sucede en sus casas. Amén. Nos encantaría poder tenernos a todos acá. Queremos adorarte, Señor, en este día. Iglesia, te invito a que puedas levantar tus manos al cielo lo más alto que puedas. Creemos en ti, Señor. Creemos en tu promesa, Padre. Creemos en lo que harás, Señor. Te adoramos, Padre Santo, en este día. Tú has sido bueno, tú has sido fiel, Señor, y hoy tu pueblo te anhela, Señor. Derrámate, Espíritu Santo, sobre este lugar. Queremos recibir, Señor, de tu presencia, iglesia. Levanta tu mano y llena esas copa de la presencia del Señor, porque donde dos o más se reúnen en su nombre, él está ahí. Él está ahí. ¿Cuántos lo creen? Gloria a Dios. Señor, te alabamos. Gracias, Padre. Quiero levantar. A ti mis manos, maravilloso Jesús, milagroso Señor, llena este lugar con tu presencia y hacender tu poder a los que estamos aquí. Y quiero levantar a ti mis manos, maravilloso Jesús, milagroso Señor, llenas el lugar con tu presencia, oh y descender tu poder a los que estamos aquí. Y creo en ti, Jesús, y en lo que harás en mí. Decláralo. Creo en ti, Jesús, y en lo que harás en mí. Y en mí y en mí. recibe toda la gloria, recibe toda la honra, precioso hijo de Dios y recibe toda la gloria, recibe toda la honra, precioso hijo de Dios. Quiero levantar a ti mis manos. Vamos, dilo, iglesia. Maravilloso Jesús, milagroso. Oh, llena este lugar y extender tu poder a los que estamos aquí. Creo en ti, Jesús, y él lo que hará. Creemos en ti, Señor. Creo en ti, Jesús. En lo que harás en mí. En mí, en mí. Recibe toda la gloria, recibe toda la honra. Precioso hijo de Dios, levanta tu voz. Recibe toda la gloria, recibe toda la honra. precioso recibe toda la gloria dilo. Toda la honra precioso hijo de Dios, decláralo. Recibe toda la gloria, recibe toda la honra, precios. Hijo de Dios recibe toda, recibe toda la honra, precioso hijo de Dios. Y recibe toda la recibe toda precioso de Dios. Recíbelo. Te adoramos. Recibe toda la gloria. Recibe toda la honra. precioso hijo de Dios y recibe toda la gloria, recibe toda la honra. Precioso de Dios, levanta tu voz. Tú estás en ese lugar. Hijo de Dios y recibe toda la gloria, recibe toda la honra. Yo soy hijo de Dios. Gracias, Señor. Alabado sea el nombre de nuestro Señor Jesucristo por siempre y para siempre. Amén. Amén. Gracias, Señor, por este hermoso momento de adoración. Gracias por esta tarde. Bendan todos mis hermanos. Bendito sea el hermoso ministerio de alabanza que tenemos y gracias al Padre por esta tarde, por esta jornada. Así que los invito a tomar asiento, mis hermanos, que sea lo que Dios quiera en este momento. Bien, los saludo a todos con un amor fraternal, un saludo fraternal a cada uno de los presentes. Eh, saludo a los que están por redes sociales, a los que están por la radio. Eh, se me encomendó la labor esta tarde de entregar el mensaje a petición de nuestro pastor Darío. Doy gracias al Señor por esta oportunidad y espero que sea de bendición lo que Dios me entregó para poder entregarle a ustedes. Bien, Padre, en el nombre de Jesús, te doy la honra, la gloria darte las gracias, Padre, por este momento. Oro, Señor, a ti, Dios altísimo, y a Cristo diestra darte las gracias, Padre, por este momento y ruego que tu Santo Espíritu, Señor, a través de mí sea tocando los corazones, las mentes y el alma de nuestros hermanos. En el nombre de Jesús. Amén. Bien, mis hermanos, eh el día de hoy eh por parte del Señor me interesa seguir hablando de lo que nuestro pastor Darío ha venido predicando de forma constante todas las tardes y los domingos principalmente eh con respecto a algunas temáticas en el área de nuestra vida. Eh, este, en este caso les traigo un tema que puede ser obvio, sin embargo, me encantaría que pudiesen tomarle la atención y darse cuenta que a simple vista puede ser obvio, pero en lo profundo no. Les ruego que escuchen con atención. Un niño le preguntó a su papá, «Papá, ¿cómo nacen las manzanas?» El padre le respondió, «Hay que sembrar una semilla.» Entonces el niño salió corriendo al patio, enterró una semilla de la manzana que estaba comiendo y al día siguiente volvió emocionado esperando encontrar un árbol lleno de frutos. Pero no había nada. Cuando su padre volvió del trabajo, el niño le preguntó, «¿Por qué no nacieron manzanas, papá?» Y el padre le preguntó, le respondió, perdón, hijo, para cosechar primero hay que preparar la tierra, cuidarla, regarla, fertilizarla y esperar el tiempo correcto. Nadie cosecha inmediatamente después de sembrar. Mis hermanos, con esta introducción, muchas veces nosotros queremos frutos espirituales rápidos, ¿no? Muchas veces queremos bendición inmediata, queremos crecimiento inmediato, queremos respuestas inmediatas, cambios inmediatos, pero Dios, ¿qué es lo que hace? Primero trabaja la tierra. Y esta noche el Señor quiere recordarnos algo muy importante, querida hermandad. Nosotros seguimos siendo tierra. Aunque llevemos años en el evangelio, aunque sirvamos, aunque conozcamos bien la doctrina, seguimos siendo tierra que necesita ser trabajada por el sembrador. Para iniciar, la segunda carta a los corintios, capítulo 13, versículo 5, dice, «Examinaos a vosotros mismos, estáis en la fe. Probaos a vosotros mismos o no os conocéis a vosotros mismos que Jesucristo está en vosotros a menos que estéis reprobados. El versículo nos insta a examinarnos a nosotros mismos si estamos en la fe. Hermandad, la primera mirada del creyente no debe dirigirse hacia afuera, sino hacia adentro. Muchas veces cuando escuchamos sobre la siembra o cuando escuchamos sobre la doctrina de la siembra, pensamos inmediatamente en que se trata de evangelizar, se trata de predicar, de ganar almas, incluso sembrar en otros. Pero antes de sembrar en otros, el Padre quiere y siembra en nosotros. Muchas veces, hermanos, creemos que después de años del evangelio ya dejamos de ser tratados por Dios. Pensamos que la tierra en nosotros ya fue trabajada suficientemente, que ya crecimos, que ya dimos fruto y que ahora solamente debemos sembrar en otros. ¿No les ha pasado? Pero el Señor hoy quiere quebrantar esa idea y recordarnos algo profundamente espiritual. Mientras tengamos vida, mientras estemos en esta vida terrenal, seguiremos siendo tierra delante del sembrador. Ante los ojos de nuestro Señor seguimos siendo tierra. En el evangelio de Mateo, capítulo 13, versículo del 1 al 9, se abra sobre la parábola de el sembrador, ¿cierto? Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar y les juntó y se le juntó mucha gente. Y entrando él en la barca se sentó y toda la gente estaba en la playa y le saó muchas cosas por parábolas, diciendo, «He aquí el sembrador salió a sembrar y mientras sembra parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves, la comieron. parte cayó en Pedregales, donde no había mucha tierra, y brotó pronto porque no tenía profundidad de tierra. Pero salido el sol se quemó y porque no tenía raíz se secó y parte cayó entre espinos y los espinos crecieron y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra y dio fruto, cuál a cual a 60 y cuál a 30 por uno. El que tiene oídos para oír que oiga. El Señor Jesucristo presenta cuatro tipos de tierra. Una que está junto al camino, otra que está en los pedregales, otra que está llena de espinos y la buena tierra. Normalmente pensamos nosotros en esta parábola, esa tierra es la gente del mundo. Pero olvidamos algo, hermanos, en este caso, nosotros fuimos una de esas tierras y toda la hermandad que está presente y está escuchando, todavía seguimos siendo esa tierra. La diferencia, mis hermanos, está en cómo respondemos continuamente a la semilla del Señor. Nunca pensemos que yo ya fui transformado. Nunca pensemos que yo ya crecífiega final, seguiremos siendo tierra sembrable. Amén. Mis hermanos, toda siembra produce cosecha. El problema de muchas semillas que parecen pequeñas e insignificantes al momento de sembrarse. Una palabra, una decisión, un pensamiento oculto que tengamos, una actitud repetitiva parece no tener consecuencias inmediatas para nosotros, pero el reino de Dios funciona bajo un principio irrevocable. Toda siembra termina produciendo fruto. La tierra jamás queda indiferente a lo que se siembra. En el libro de Gálatas, capítulo 6, versículo 7 al 8, dice, «No os engañéis. Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción. Más el que siembra espíritu segará vida eterna. Hemos escuchado muchas veces esos dos pasajes. Dice acá con claridad, «Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.» Mis hermanos, hermanos, toda semilla produce fruto. ¿Qué son esas semillas? Las palabras son semillas. Los pensamientos son semillas. Las decisiones son semillas, las amistades son semillas. Y lo que alimentamos en secreto, que solamente nuestro padre sabe, también es semilla. Y la tierra, ¿qué hace? Siempre responde a lo que se siembra. Amén. sale aparece en el salmo capítulo 107 versículo 33 y 34. Salmos capítulo 107, 33, 34. El Señor convierte la tierra fértil en estéril. ¿Cierto? Lo puedo resumir en esa breve frase, el 33 y 34. ¿Qué significa esto? ¿Cómo lo podemos entender? Una buena tierra puede deteriorarse, una tierra fértil puede secarse. Muchos hermanos conocen el trabajo de la tierra de la agricultura y tiende a pasar eso, ¿cierto? Pero también el Señor tiene el poder de restaurar la tierra. Amén. En el versículo 35 dice, «Vuelve el desierto en estanques de aguas y la tierra seca en manantiales.» ¿Qué está diciendo acá? Vuelve el desierto en estanques y aguas y la tierra seca en manantiales. Y esto, mis hermanos, refleja la gloria de Dios. Porque aún cuando una tierra se haya secado, se haya endurecido o deteriorado, el Señor sigue teniendo poder para restaurarla. Amén. El hombre, muchas veces nosotros en nuestro trabajo terrenal desechamos una tierra estéril, ¿o no? Pero, ¿qué hace nuestro padre? Nuestro padre no la desecha. Donde nosotros vemos sequedad, Dios, ¿qué ve? Ve una tierra. Pero no es cualquier tierra. Lo que ve nuestro padre es una tierra con un potencial de dar fruto. Amén. donde nosotros vemos de cierto, nuestro padre todavía puede ver brotar manantiales. Amén. Mis hermanos, el sembrador sigue trabajando la tierra. Amén. A veces creemos que Dios dejó de obrar porque no vemos cambios inmediatos. Pero así como el agricultor trabaja silenciosamente la tierra antes de ver el fruto, el Señor también sigue obrando en nosotros aún cuando no lo percibimos. Hay procesos que son invisibles, hay procesos y raíces que son profundas y tratamientos espirituales que solo el sembrador entiende. Amén. En el evangelio de Marcos, capítulo 4, versículo 26 al 29, dice, «Decía además el Señor, así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra y duerme y se levanta de noche y de día y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno de la espiga. Y cuando el fruto está maduro, enseguida se mete la os, porque la ciega ha llegado. Estos pasajes nos hablan de día, de noche, mientras dormimos, mientras vivimos el día a día, sin siquiera pensar en esto, nuestro Padre sigue obrando. Asimismo, en el Evangelio de Mateo, capítulo 13, versículo 24 al 30, se abra sobre la parábola del trigo y la cizaña. le refirió otra palabra diciendo, «El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron, «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues tiene cizaña?» Él les dijo, «Un enemigo ha hecho esto.» Y los siervos le dijeron, «¿Quieres pues que vayamos y la arranquemos?» ¿Qué fue lo que les dijo entonces? No, no sea que al arrancar la cizaña arranquéis también con ella el trigo. Dejad serlo juntos y lo otro hasta la siega, y al tiempo de la siega yo daré los segadores. Recoged primero la cizaña y atadla en manojos para quemarla. ¿La han escuchado? ¿Cierto? ¿Qué es lo que voy a extraer de esta de esta parte de la palabra? El enemigo siembra cizaña mientras los hombres duermen. Y esto nos enseña algo importante, mis hermanos. La batalla espiritual es constante. Amén. El enemigo siempre les va a intentar sembrar porque por ley bíblica todo lo que se siembra se cosecha. Y la tierra responde a todo lo que se siembra. Pero el Señor sigue siendo dueño del campo. Amén. Y aunque exista cizaña, la cosecha final, ¿a quién le pertenece? A nuestro Señor. Mis hermanos. Entonces, ¿cuál es la tierra que el Señor quiere labrar? Cuando hablamos de tierra espiritual, no hablamos de algo abstracto o lejano. Jesús mismo enseñó dónde está la verdadera tierra que Dios desea trabajar. El Señor no está interesado solamente en actividades externas, no está interesado en apariencias espirituales. Él mira profundamente aquello que conforma nuestro interior, mis hermanos. Así como una tierra natural que debe cumplir ciertas condiciones para ser cultivada. Tiene que tener cierto grado de humedad, tiene que tener cierta cantidad y composición de minerales, cierta dureza, un equilibrio específico, una ubicación favorable, fuentes hídricas cercanas y unas condiciones climáticas apropiadas. Yo puedo definir que es una buena tierra si considero esos aspectos. También nuestra vida espiritual necesita condiciones que permitan que esa semilla del Señor crezca correctamente. Mis hermanos, porque no toda tierra responde igual a toda semilla. Y esto no solamente lo vemos en la agricultura, sino también en la escritura. La parábola del sembrador presupone una tierra que está preparada para recibir la semilla. ¿Se entiende? En el libro de Oseas, capítulo 10, versículo 12, dice: «Sembrad para vosotros en justicia, para vosotros misericordia, hacedes barbecho, porque es el tiempo de buscar a Jehová hasta que venga y os enseñe justicia.» En esta parte aparece, roturad para vosotros, barbecho. Asimismo, en el libro de Jeremías, capítulo 4, versículo 3, dice, «Porque así dice Jehová a todo hombre de Judá y de Jerusalén, roturad para vosotros barbecho, aparece nuevamente, y no sembréis entre espinos. Roturad para vosotros barbecho.» Y aparece, «Y no sembréis entre espinos.» Mis hermanos, el barbecho es una tierra que debe ser removida, debe ser quebrantada, se debe preparar para sembrar. Mis hermanos, nuestro padre no deposita su semilla ignorando la condición de la tierra. Por eso el Señor, ¿qué es lo que hace? Y puede cada uno su experiencia personal de cómo ha vivido esa relación con nuestro padre. El Señor primero trabaja, el Señor confronta, el Señor remueve, el Señor prepara nuestro interior antes de producir fruto. Amén. Una tierra demasiado dura impide las raíces que sean profundas. Una tierra seca no puede nutrir correctamente aquello que fue sembrado. Una tierra contaminada altera el crecimiento del fruto. Y una tierra abandonada inevitablemente terminará llenándose de espinos. De la misma manera, Dios examina continuamente nuestra condición espiritual. ¿Cómo está nuestro corazón? ¿Cómo está nuestra alma? ¿Cómo está nuestra mente? Porque esas condiciones dependerá la profundidad de las raíces, dependerá la resistencia frente a las pruebas, dependerá la permanencia del fruto que se genera y la calidad espiritual de aquello que el Señor quiere producir en nosotros. Y aún cuando el sembrador encuentra áreas que están endurecidas, están secas o están deterioradas, mis hermanos, él sigue siendo fiel para volver a trabajar esa tierra, para prepararla nuevamente y hacerla propicia para una nueva siembra. Mis hermanos, ¿por qué pasa esto? Toda esta preparación de la tierra tiene un propósito, el fruto que la semilla va a entregar. Para el Señor, que es nuestro sembrador y dirige esa siega, somos buena tierra en el sentido de cuánto entendamos que el corazón, el alma y la mente son características que nuestra tierra tiene que ofrecerle. Y si alguna de estas áreas no se encuentra en buenas condiciones, mis hermanos, él sigue siendo fiel. Sigue siendo fiel. ¿Para qué? Para labrarla, para prepararla, para removerla, para fortalecerla y restaurarla nuevamente la tierra cada vez que el Señor quiera sembrar. Por eso es tan importante que el sembrador resguarde continuamente las condiciones óptimas y las permanencias del fruto. Amén. En el evangelio de Mateo, capítulo 22, versículo 37, dice, respondiendo a los fariseos, Jesús les dijo, «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Amarás al Señor en tres aspectos. La tierra que Dios trabaja en nosotros tiene tres dimensiones. Amén. La primera dimensión es el corazón. El corazón, mis hermanos, es probablemente una de las áreas más delicadas de la tierra espiritual. Cada uno de los presentes, de los que nos escucha y de los que nos ven en redes sociales somos tierra. Porque aunque muchas veces podemos aparentar firmeza delante de los demás, Dios siempre observa aquello que nadie más puede ver. Las motivaciones, nuestras heridas, los afectos y las intenciones que habitan dentro de nosotros. Y aunque por medio de Cristo hemos recibido un corazón nuevo, eso lo sabemos. Es corazón sigue necesitando ser guardado, sigue necesitando ser tratado, sensibilizado, quebrantado y trabajado continuamente por el Señor. Porque el creyente no vive una regeneración repetitiva, se regenera una sola vez, pero sí un proceso continuo de santificación. El sembrador sigue trabajando la tierra que ya alcanzó. Y aquí deemos comprender algo importante, mis hermanos. Aunque tengamos un corazón efectivamente regenerado y tengamos a la presencia de su Santo Espíritu, la Escritura constantemente nos insta a guardar el corazón, examinar el corazón, quebrantar el corazón, purificar el corazón y afirmar el corazón. ¿Por qué hace esto la escritura? Porque el corazón del creyente, mis hermanos, todavía puede endurecerse, todavía puede enfriarse, todavía puede contaminarse, todavía puede distraerse o resistirse parcialmente a Dios. Por eso la escritura no solamente habla de recibir un nuevo corazón, sino también de guardarlo diligentemente delante de nuestro Señor. En el libro de Proverbios, capítulo 4, versículo 23, dice, «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él maná la vida sobre toda cosa.» Sobre todo. En el evangelio de Mateo, capítulo 6, versículo 21, sale porque donde esté vuestro corazón, perdón, donde esté vuestro tesoro, ahí estará también vuestro corazón. Este es vuestro tesoro. ¿Qué representa el corazón en este caso? representa los afectos, las emociones, las motivaciones y nuestras intenciones. Mis hermanos, un corazón endurecido o un corazón que se ha ido endureciendo delante de nuestro Señor a través del tiempo va a dificultar el crecimiento de una semilla. Debemos preguntarnos constantemente, ¿qué está ocupando mi corazón? ¿Qué estoy alimentando? ¿Qué raíces están dentro de mí? La segunda dimensión es el alma. El alma habla de nuestra voluntad, mis hermanos, de aquello que decide obedecer o resistirse al Señor. Muchos pueden escuchar la palabra, nosotros la escuchamos en cada reunión. Bendito sea el Señor por el pastor que tenemos en esta congregación. Emocionarse incluso con ella. Pero otra cosa muy distinta, mis hermanos, es rendirse completamente delante del Señor. Porque el alma del creyente también atraviesa luchas. Hay cansancio, hay abatimiento, frustración, desánimo y resistencia incluso a las cosas de Dios. También hay conflictos interiores y la escritura incluso muestra hombres de Dios hablando con su propia alma. ¿Recuerdan el salmo 42, versículo 5? ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porqueú de alabarle salvación mía y Dios mío. ¿Por qué te abates, oh alma mía? Esto nos revela algo profundamente humano. Aún tierra alcanzada por Dios, Aún tierra alcanzada por Dios puede atravesar temporadas de desgaste interior. Y por eso el alma necesita de forma continua volver a descansar en Dios, volver a rendirse, volver a alinearse con el sembrador. En el salmo 62 versículo 1, dice, «En Dios solamente está acallada mi alma, de él es mi salvación. Dios haya solo en Dios hallo descanso mi alma.» En el libro de Deuteronomio, capítulo 4, versículo 29, dice, «Más si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás. Si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma, no hablas y lo buscas parcialmente. Habla de todo tu corazón, toda tu el alma, mis hermanos, habla de nuestra voluntad. Una tierra buena no solo escucha la palabra, se rinde ante la palabra de Dios. La tercera dimensión y la última es la mente. Vivimos en un tiempo donde la mente está constantemente siendo bombardeada, ¿no? Todo quiere sembrar algo en nuestros pensamientos. Todo. Las redes sociales, las conversaciones, las noticias, las emociones de nuestro día a día y aún nuestras propias luchas internas. Por eso el enemigo sabe que si logra afectar la mente también va a afectar el corazón y el alma. Dice Romanos 12, versículo 2, no os conforméis a este siglo. Lo hemos escuchado en las predicaciones de nuestro pastor, ¿cierto? Sino transformados por medio de la renovación de vuestro entendimiento. Transformados por medio de la renovación de vuestro entendimiento. Filipenses 4:8. En esto pensad. versículos que nuestro pastor nos ha reforzado constantemente en las predicaciones. La mente es la puerta de entrada, mis hermanos, del pensamientos, de las imágenes mentales, de las ideas y de las influencias. La calidad de aquello que alimenta nuestra mente influye directamente en la tierra espiritual. Preguntémonos, mis hermanos, ¿qué estoy viendo? ¿Qué estoy escuchando? ¿Qué pensamientos permito que se queden en mi cabeza? Porque la mente alimenta el corazón, mis hermanos, y alimenta el alma. Y finalmente, ¿qué afecta? El fruto. Mis hermanos, debemos entender algo importante de todo lo que hemos estado hablando. La tierra no se transforma sola. Una tierra seca no puede darse vida a sí misma. Una tierra endurecida no puede quebrantarse por sí sola. Y una semilla, aún siendo perfecta, necesita vida para producir fruto. Por eso el Señor no envía solo la semilla, envía su Santo Espíritu, porque el Espíritu Santo es que hablanda la tierra. Amén. Quebranta el corazón, transforma la mente, fortalece el alma y produce el fruto que es agradable delante de nuestro Señor. Dice Ezequiel, «Os daré corazón nuevo.» Capítulo 36. 26 al 27. ¿Recuerdan ese versículo? Os daré corazón nuevo y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros. El Señor no abandona la tierra. El Señor siembra, pero no se olvida de la tierra. Él mismo, por medio de su Santo Espíritu continúa obrando, continúa obrando internamente para que la semilla produzca ese fruto y ese fruto es verdadero. Amén. Amén. Mis hermanos, seguimos siendo tierra. Se nos sigue sembrando martes, jueves y domingo. La tierra que no viene un martes, no viene un jueves, no viene un domingo es una tierra que lo más probable queda estéril un tiempo. Muchas veces nos desesperamos por los procesos o por las pruebas o por las áreas donde todavía vemos debilidad, pero debemos entender algo, mis hermanos. El Señor no ha terminado con nosotros. Mientras la ciega final no llegue, el Señor continuará trabajando la tierra. Seguiremos siendo tratados, seguiremos siendo corregidos, seguiremos siendo podados. El Señor seguirá introduciendo sus manos en esa tierra para prepararla. Y eso no debe desanimarnos, mis hermanos. Duele, frustra, provoca incertidumbre. Pero, ¿saben por qué? Porque cuando Dios trabaja la tierra es porque aún quiere que produzca fruto. Amén. Si nosotros estamos pasando dificultades, situaciones que no entendemos por qué, es porque ahí tiene metida la mano nuestro Señor. Porque en algún momento esa tierra que es removida, esa tierra que es sembrada, va a producir un fruto. Si existe algo capaz de transformar completamente la tierra que está endurecida, seca, es la semilla del Señor. Amén. Y esa semilla no muere, no está muerta. No pierde poder, no caduca. ¿Por qué? Porque esa semilla es su palabra. Amén. Y esa semilla penetra, esa semilla confronta, esa semilla sana, esa semilla transforma y produce fruto. Amén. ¿Cuándo seremos nosotros cegados? ¿Cuándo seremos cosechados? En Apocalipsis 14:15 sale y del templo salió otro ángel clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube. Mete tu voz y ciega. Porque la hora de segar ha llegado, pues la mz de la tierra está madura. ¿Cuándo seremos cosechados completamente? El día del Señor. Amén. Mis hermanos, esta noche no vine solamente a hablarles de siembra, les vine a recordar que seguimos siendo tierra y mientras seamos tierra seguiremos siendo tratados por el Señor. Mientras siga habiendo gente en 100% vida, el Señor va a seguir metiendo sus manos. Y la gente que llega acá va a ser transformada. Y la gente que llega a este lugar va a saber de que hay un Dios que a pesar que llegue una tierra seca, llegue una tierra estéril, llegue una tierra con espinos, llegue una tierra con pedregal, ¿quién es el sembrador? Nuestro Señor. Él conoce los tiempos, él conoce la siembra, él conoce la semilla exacta que debe ser sembrada la tierra que llegue. Amén. Así que, mis hermanos, nuestro Señor todavía nos va a labrar, todavía nos va a regar. todavía nos va a limpiar, nos va a fertilizar y nos va a volver a sembrar. Amén. Mis hermanos, los invito a rendir el corazón al Señor hoy. Los invito a rendir su alma. Los invito a rendir su mente. Permitamos que nuestro Señor prepare nuevamente esta tierra. Porque mis hermanos, no se lo olvide nunca, primero se prepara la tierra, después se siembra, después se espera y finalmente llega la cosecha. Amén. Que el Señor les bendiga, mis hermanos. A los hermanos, los invito a ponerse de pie. Espero en el Señor que haya sido edificada esta palabra para ustedes. Amén. Y demos un tiempo para orar al Señor, para adorarle y para rendirnos delante de él. Recordemos, mis hermanos, que somos tierra. Recordemos, mis hermanos, que esa tierra no es igual todo el año, que tiene temporadas, que tiene características, que hay veces que se destaca una u otra. Pero siempre, mis hermanos, tengamos presente que el Señor esta noche le dice, «Tú no eres cualquier tierra. Tú eres mi tierra, la que yo escogí para sembrar y la que yo escogí para dar fruto.» Amén. Mis hermanos, los invito a orar de forma íntima para que podamos entregar esta noche nuestra mente, corazón, nuestra alma y podamos alabarle y bendecirle al sembrador de nuestra vida, al que sabemos nosotros que no es que nosotros lo hayamos escogido a él, sino que él nos escogió a nosotros. Amén. Amén. Padre, en el nombre de Jesús, te alabo y te bendigo. Te doy gracias, soberano Dios, por esta palabra. Te doy, Padre, porque cada uno de los presentes somos tierra. Cada uno de los presentes con distintas características, bendito Dios, ha sido traído por tu misericordia a este lugar. Padre, yo te ruego que tu Santo Espíritu, que es el que ablanda la tierra, el que la hace mansa, el que la hace con características perfectas, tanto de su corazón, su mente y su alma, sea, Señor, de bendición para cada uno de los hermanos. Cada uno tiene un fruto específico por dar. Y que el Señor y su Santo Espíritu sea quien da crecimiento a esa planta y que nuestro Señor pueda cegar ese fruto para los demás. Amén. Ah. Ángeles y santos se postran ante ti. ancian nos rinden sus coronas ante ti, oh gran señor, ángeles y santos se postran ante ti. Los ancianos rinden sus coronas ante ti. Oh gran Señor, eres digno de adorar. Eres digno de adorar. Todo viene de ti y todo vuelve a ti. Tuya es la gloria. Eres digno de adorar. Eres digno de adorar. Todo viene de ti y todo vuelve a ti. Tuya es la gloria. Ángeles y santos gozarán en ti. Los ancianos vistes tus coronas ante ti. Oh, gran Señor, eres digno de adorar. Eres digno de adorar. Todo viene de ti y todo vuelve a ti. Tuya es la gloria. Eres digno de adorar y eres digno de adorar. Todo viene de ti y todo vuelve a ti. Tuya es la gloria. Eres digno de adorar. Eres digno de adar. Todo viene de ti y todo vuelve a ti. Tuya es la gloria. Eres digno de adorar. Eres digno de adorar. Todo viene de ti y todo mueve a ti. Tuya es la gloria. Te exaltamos. Te exaltamos. Te exaltamos, oh Señor, te exaltamos, te exaltamos. Te exaltamos, oh Señor, te exaltamos, exaltamos. Amor, te exaltamos, oh Señor Padre, gracias te damos por este tiempo. Gracias por tu palabra, Señor. Somos tierra para tu palabra que semilla. Nosotros no somos semilla, Dios, para tu palabra que es tierra, sino que somos tierra para tu palab que es semilla, Señor. Y como hoy tu palabra nos enseñaba, Dios mío, crece el trigo y también crece la cizaña. Pero llega un momento en que hay que decidir si el trigo sigue creciendo o es la cizaña la que crece. Yo oro, Señor, para que toda cizaña sea cortada en nuestra vida. que que toda Dios mío, sea desarrancada, echada fuera, porque no nos sirve, Señor. Es el trigo el que nos sirve. Y yo creo, Dios, mediante tu palabra, que somos somos esa buena tierra. Somos esa buena tierra. Padre, bendícenos. Gracias por tu palabra. de esta tarde, de esta noche. Gracias, Dios, porque tú hablas a nuestra vida antes de tiempo. Tú hablas a nuestra vida a tiempo y aún después de tiempo. Sé, sé con nosotros, Espíritu Santo. Sé con nosotros. Damos a ti la gloria, damos a ti la honra, damos a ti la alabanza, la adoración y la exaltación, Señor. Muchas gracias en el nombre de Jesús. Amén y amén. Damos un fuerte aplauso a nuestro Señor, por favor. Aleluya. Bien. ¿Qué qué les parece si eh tomamos nuestra ofrenda en este día, querida iglesia? Agradecemos a Camilo por habernos compartido la palabra. Yo agradezco también a Francisco que me ha estado acompañando en el día en la radio. He podido descansar un poco más la garganta. La verdad es que eh está bien resentido, así que gracias, pero damos gracias a Dios por Marcial que nos estuvo predicando el martes, por Camilo hoy día que me está predicando. El domingo sí estoy acá, el domingo sí ya estamos predicando y estamos compartiendo la palabra del Señor. Quiero quiero recordarles, querida iglesia, que mañana tenemos el servicio de acción de gracia acá en en el templo. No, no, nosotros estamos facilitando el templo. El servicio de la agrupación de pastores, no, no es un evento nuestro, es un evento de la agrupación. Y eh es importante, sí, que usted esté. Recuerde que venimos a orar por nuestras autoridades. Venimos a agradecer a Dios por nuestra ciudad, por nuestra tierra, que Dios pueda bendecir esta tierra, esta tierra que nos ha visto crecer, nos ha visto desarrollar. Eh, ha sido Dios misericordioso, bueno, bondadoso, favorable con nosotros, no no nos ha plantado acá en este en este lugar y eh mañana vamos a tener esa oportunidad, mañana vamos a tener ese tiempo de poder estar junto a otros pastores, junto a otra iglesia, eh compartiendo lo que es el servicio de eh acción de gracia. empieza a las 7:30. Ya, eso quiere decir que las puertas van a estar obviamente abiertas desde antes y y es importante que nosotros podamos estar también mañana a las 18 horas 6 de la tarde. Eh, vamos a estar evangelizando igual ya. Eso sí, de 6 a 7 una horita de ahí nos venimos acá y estamos en el servicio de acción de Gracias, pero mañana estamos evangelizando igual ahí con mi hermano Pedro. Los que quieran ir, los que desean estar ahí, eh, ¿cómo sabe que llega un almita? Si al final esto lo hacemos por la gente, no lo hacemos por otra cosa, esto lo hacemos por por la gente. Entonces, eh yo yo le animo a que podamos mañana estar evangelizando, poder estar en este lugar, poder bendecir la obra del Señor, poder honrar al Señor, agradecer, insisto, por la ciudad que nos ha entregado y seguir confiando y creyendo eh que eh que Dios se pueda mover y que Dios se pueda eh manifestar favorablemente. Amén. Eh, bien, tome su mejor ofrenda si usted necesita sobre de diezmo, solamente levante su mano. Ahí está mi hermana Ivet. Si usted va a entregar su subre de diezmo en este día, eh, vamos a agradecer a Dios, vamos a bendecir al Señor con nuestras ofrendas porque todo es de él y lo recibió de su mano. Damos. Lo recuerdo también el día domingo estamos en este lugar 9:20 estamos con Plantados con los hermanos en el discipulado. Eh, 9:30 estamos orando y a las 10:10 comienza nuestra reunión. Padre, gracias te damos. Todo es tuyo y él lo recibido de tu mano. No es otra cosa. Él lo recibido de tu mano lo que nosotros damos. Yo te pido, Dios mío, bendícenos. Yo te pido con todo mi corazón, glorifícate. Te pido con todo mi corazón, derrama tu gracia, derrama tu poder, derrama tu presencia, derrama tu favor sobre nuestras vidas. Necesitamos, Señor, de usted. Necesitamos de usted. Y hoy, Dios, traemos nuestra ofrenda en gratitud a lo que tú has hecho en nuestra vida, Padre. Gracias en el nombre de Jesús. Amén, Señor. Y amén. Bien, con gozo, con alegría, muchachos, cantamos y venimos a ofrendar. Vamos. Hoy puedo danzar con libertad porque soy su hijo. Porque soy su hijo. Hoy puedo danzar con libertad. Porque soy amado. Porque soy amado. Podemos sentir tu gozo. Podemos sentir tu río. Hay libertad en las aguas. Queremos danzar. Podemos sentir tu gozo. Podemos sentir tu río. En las aguas queremos danzar. Hay libertad en la casa de Dios. Hay libertad de la casa de Dios. Hay libertad. Hay libertad. Hay libertad en la casa de Dios. Hay libertad en la casa de Dios. Hay libertad. Hay libertad. Podemos sentir tu gozo. Podemos sentir tu río. En las aguas queremos danzar. Podemos sentir tu gozo, podemos sentir tu río. Hay sanidad en las aguas, queremos danzar. Hay libertad en la casa de Dios. Hay libertad en la casa de Dios. Hay libertad. Hay libertad. Hay libertad en la casa de Dios. Hay libertad. Hay libertad. Hay libertad. Hay libertad en la casa del Señor, iglesia. Todos juntos lo declaramos. Hay libertad en la casa. Libertad al danzar. Hay libertad en la casa. Hay libertad al danzar. Hay libertad en la casa de Dios. Dígalo. Libertad en la casa de Dios. Hay libertad. Levanta tu voz. Hay libertad. Hay libertad en la casa de Dios. Hay libertad en la casa de Dios. Hay libertad. Hay libertad. Puedo danzar en la casa de Dios. Puedo danzar la casa de Dios. Puedo danzar y disfrutar que somos libres. Somos libres por tu sangre. que somos libres, somos libres con tu sangre. Libre soy. Libre soy. Bien, antes de retirarnos, me pidieron si le podíamos cantar el cumpleaños feliz al al Óscar. decir Ignacio, no sé por qué estáando eh vamos a cantarle el cumpleaños fal Óscar. Hay una chica enamorada, está buscando que que te cas le cantamos, por favor, cumpleaños feliz. Cumpleaños feliz. A ti. Que el Señor te bendiga y que seas feliz. Ócar. Muy bien ahí no más. Ya. Bien. Inclinamos el Inclinamos el rostro, por favor, y eh rogamos la bendición. Rogamos la bendición del Señor. Eh, no se olvide, mañana estamos acá. Ya, Padre, gracias. Ha sido bueno, ha sido lindo, ha sido hermoso poder estar hoy reunidos en este lugar. Gracias por tu palabra, gracias por todo lo que tú nos entregas, gracias por todo lo que tú nos das. Yo te pido, Dios, despídenos en paz. Te pido despídenos en comunión los unos de los otros, más nunca jamás de tu presencia en el nombre poderoso de Jesús. Amén. Señor y amén. Ayer estuve con mi pastor, estuvieron orando por mí, eh, y hicimos algo hace rato, yo no hacía. Le le damos gloria al Señor. Gloria a Dios. Gloria a Dios. Gloria a Dios para siempre. Dios les bendiga. Despídese de su hermano. Despídase de su hermana, por favor. Nos vemos.

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