Mensaje central
Y eh como siempre espero que esta palabra pueda ser de edificación y de bendición para nuestra vida. Dice la escritura, después dijo el rey David a toda la asamblea, solamente a Salomón mi hijo, ha elegido Dios. Él es joven y tierno de edad y la obra grande, porque la casa no es para hombres, sino para Dios.
Vamos a leer del verso uno en adelante
Vamos a leer del verso uno en adelante. Y eh como siempre espero que esta palabra pueda ser de edificación y de bendición para nuestra vida. ¿Pasó frío usted hoy o no? No.
Está rico para usted, agradable. Hace frío en la mañana. Eché de menos los 40 gr. Bien.
Dice la escritura, después dijo el rey David a toda la asamblea, solamente a Salomón mi hijo, ha elegido Dios. Él es joven y tierno de edad y la obra grande, porque la casa no es para hombres, sino para Dios. Yo con todas mis fuerzas he preparado para la casa de mi Dios oro. para las cosas de oro, plata para las cosas de plata, bronce para las de bronce, hierro para las de hierro y madera para las de madera y piedras de onice, piedras preciosas, piedras negras, piedras de diversos colores y toda clase de piedras preciosas y piedras de mármol en abundancia.
Además de esto, puede decir por favor fuerte, además de esto, por cuanto tengo mi ¿Qué cosa? Afecto. Diga también, por favor, afecto. Recuerda, entonces David está enumerando y luego dice, «Además de lo que ya he dicho, por cuanto tengo mi afecto en la casa de mi Dios, yo guardo en mi tesoro particular oro y plata, que además de todas las cosas que he preparado para la casa del santuario, he dado para la casa de mi Dios 3000 talentos de oro, de oro, de Ofir y 7,000 talentos de plata refinada para cubrir las paredes de la casa.
Oro, pues, para las cosas de oro y plata para las cosas de plata y para toda la obra de las manos de los artífices. ¿Y quién quiere hacer hoy ofrenda voluntaria al Señor? Que Dios bendiga esta su palabra. Padre, gracias.
Yo te pido con todo mi corazón, usa mi vida en esta tarde, que esta palabra corra y sea glorificada, Señor. Te lo pido en el nombre poderoso de tu hijo Jesucristo, Señor. Que hoy cada uno de tus hijos reciba palabra de Dios, no la palabra mía, Señor, sino tu palabra. y que cada uno de tus hijos más allá de hoy ver, Dios mío, de manera presencial este vaso de barro, nos podamos quedar con el precioso tesoro que es tu palabra, Señor.
Gracias en el nombre de Jesús. Amén, Señor. Y amén. Le damos un aplauso fuerte a nuestro Señor.
Bien, permítame rápidamente poner el contexto del momento y el tiempo en que David está predicando o está anunciando lo que nosotros acabamos acabamos de leer. David está en en un momento decisivo, en un momento importante, en donde él tiene que ya reconocer y establecer a sucesor.
Primero De
En este caso, David declara abiertamente,
Es Salomón el que va a reinar, el que va a reinar en mi lugar.
Y es por eso que David está hablando con su pueblo, le está declarando a la nación de Israel,
No voy a poder yo construir casa de Dios. Hay un sucesor, el cual va a ser Salomón. Pero como rey de la nación, como una persona correcta en la administración de los recursos del reino, he guardado y comienza David a enumerar una serie de elementos que posteriormente se iban a utilizar en la construcción. Es así como David dice,
Pero me gusta como la escritura señala. Me gusta como la palabra de Dios declara que David hace la diferencia, querido, querida, entre lo que corresponde a él como rey, a lo que corresponde a él como persona natural. David, por tanto, declara y dice,
Como rey, a mí me corresponde de de manera correcta administrar los recursos del reino. Y por eso, como rey de todas las batallas que hemos tenido, de toda la ampliación en el territorio de Israel, hemos conquistado y como rey he guardado para levantar la casa de Dios.
Pero no tan solo lo he hecho como rey, sino que además David dice como persona. Y por eso leíamos hace minutos atrás, él declara,
Y y creo como David, querida iglesia, que nuestro afecto y y eso es lo que me gusta de esta palabra y es a dónde te quiero llevar, porque una cosa es que tú y yo hagamos las cosas de Dios, los asuntos de Dios, porque somos sus hijos y como hijos de Dios debemos comportarnos de tal manera. Como hijos de Dios debemos tener la obligación de tratar de comportarnos de determinada forma, pero otra cosa distinta es que yo lo haga no porque sea hijo de Dios, sino que lo haga por gratitud, lo haga porque Dios ha sido bueno con mi persona. Quiero quiero hacer esta diferencia porque en oportunidades usted y yo hacemos las cosas y y déjeme decirlo de esta manera, por favor. Creo que es correcto que tú y yo vengamos a la casa de Dios martes, jueves y domingo, porque nos corresponde como hijos de Dios.
Pero creo que es distinto cuando tú y yo venimos, no porque nos corresponde como hijos, sino por gratitud en nuestro corazón. No, no, no sé si se logra hacer la distinción. O sea, hay cosas que nosotros hacemos porque nos corresponde hacerlo. Como en el caso de David, yo he juntado esto porque me corresponde, soy el rey.
Pero sobre esa situación David declara, «Pero mi afecto está en la casa de Dios y esto ya no lo hago como rey, sino que esto lo hago como persona por lo que Dios ha hecho en mi vida. Porque porque recuerdo que era pastor de ovejas, porque recuerdo que era olvidado por mi propia por mi propia familia. Recuerde que cuando recuerde que cuando Samuel va a ungirlo como rey, David ni siquiera estaba en la casa. Él él estaba pastoreando.
David en el salmo 51 de de declara abiertamente cómo cómo él ha sido de de una cómo él nace de una relación que que ni siquiera es la relación legal de Isaí, su padre. Y y David abiertamente dice, «Yo en pecado he sido formado en en maldad. en pecado, me engendró mi mamá, pero a pesar de todas esas situaciones, Dios, Dios me escogió, Dios, Dios me tomó, Dios me hizo su hijo, Dios me permitió reinar a Israel. Entonces, una una cosa es que es que yo lo sirva, una cosa es que yo haga las cosas porque soy el rey, pero otra cosa muy distinta es que yo lo haga por la gratitud, no al cargo, sino a lo que él ha hecho en mi vida.
Y y hay cosas, querida iglesia, y y perdóneme que sea reiterativo en esto, pero creo que muchas veces tú y yo hacemos cosas porque simple y sencillamente somos hijos de Dios. y no lo digo minimizando la gracia, no lo digo minimizando lo lo maravilloso que es ser su hijo, pero pero quiero en este día maximizar el hecho de que tú y yo como personas naturales, como personas de carne y hueso, como como personas que han conocido la misericordia de Dios, creo que hay tanto por agradecerle a Dios. Creo creo que hay tanto por qué reconocer y y el estar hoy en este lugar, no porque es márte, no porque soy su hijo, no porque, bueno, como evangélico la la iglesia y de de Santa Cruz, la iglesia 100% en Santa Cruz, nos reunimos los martes porque eso ya es una obligación. Eh eh eso ya lo hago por costumbre, pero otra cosa distinta es venir por gratitud, eh es venir porque recuerdo que Dios ha sido bueno.
es venir porque recuerdo lo que Dios ha ha hecho en mi vida, de cómo me rescató, de cómo me salvó, de de cómo me sanó, de de de cómo él restauró mi matrimonio, de de cómo él trajo bendición a mi vida, de cómo yo estaba perdido en en delitos, en pecado, estaba enfermo, la depresión me consumía, pero Dios fue bueno conmigo. Dios me tomó, Dios me rescató, Dios me libertó. Él él cambió mi lamento en baile y eso, amado, amada, a ti y a mí no se nos puede olvidar. Entonces David habla y dice, «Yo yo como rey tengo que hacer las cosas que a un rey le corresponde.
Y si vamos a construir en el reino como rey, yo yo tengo que hacer ciertas cosas, pero quiero que sepan que esto no lo hago solo como rey, sino que lo hago como como David, lo hago como una persona ajena al reino. Mi afecto está en la casa de Dios. Mi mi afecto, mi mis cosas están relacionadas con Dios. Y me gusta la palabra afecto que David está utilizando, porque la palabra afecto tiene relación con una inclinación.
Me me inclino hacia Dios. Me me inclino hacia Dios. Mi mi inclinación no no es a la a las 7 de la tarde seguir en la piscina. Qué rico poder seguir en la piscina.
Usted qué puede tomar sol o hacer lo que tenga que hacer. A lo mejor uno ahí podría seguir trabajando, podría estar acostado, podría estar haciendo un montón de cosas, pero mi inclinación hacia dónde está, hacia las cosas del Señor. Pero no porque tengo que hacerlo por ser hijo de Dios, por ser evangélico, sino que va más allá, va por el hecho de que Dios, repito, ha sido bueno conmigo. ¿Cuántos dicen la verdad hoy día?
Dios, Dios ha sido bueno conmigo. Dios, Dios ha sido bueno. Dios, Dios, Dios ha sido favorable con mi vida. Dios, Dios me ha ayudado en los momentos difíciles.
Dios ha estado conmigo en los momentos adversos. Dios me ha sanado, me ha restaurado, me me ha renovado mis fuerzas. Cuando nadie más creía en mí, Dios sigue creyendo en mí. Entonces, yo yo estoy en este lugar y es verdad, estoy porque los martes nos reunimos y y perdóneme que sea reiterativo en esto, por favor, pero pero estoy tratando y le pido al Espíritu Santo que que me dé las palabras correctas para hacerle sentir a usted lo que implica esta separación que David está haciendo en en poder David apartar una ofrenda como rey porque le corresponde, Pero apartar otra ofrenda por inclinación, porque Dios ha sido bueno conmigo.
Entonces, yo yo creo que es válido que tú y yo estemos hoy en este lugar porque nos corresponde estar. Yo creo que es válido que tú y yo estemos en este lugar porque nos congregamos el martes y no el miércoles. Es válido que tú y yo estemos en este lugar porque los evangélicos no tan solo vamos a misa el el domingo, sino también vamos a misa en la semana. Es válido que estemos aquí.
Pero aparte de eso, yo creo que nuestra inclinación al estar hoy día en este lugar, no tiene que ver por la obligación de estar, sino que tiene que tener relación con la gratitud que debe haber y que debe existir en nuestro corazón por lo que él ha hecho en nuestra vida. Por por lo que él ha hecho en nuestra vida. Y y eso a ti y a mí no se nos debe olvidar nunca lo que Dios ha hecho en nuestra vida. Y y si somos honestos de de de repente a ti y a mí, no digo solamente a usted, digo yo también, de repente a ti y a mí se nos olvida.
Entonces, venimos el jueves porque el el el jueves nos congregamos también venimos el domingo porque todos saben que los evangélicos se reúnen los domingos y y eso tiene relación con el título que yo tengo de evangélico, eso tiene relación con el título que yo tengo de de hijo de Dios, pero que nuestro corazón esté inclinado a los asuntos de Dios. Pero que tu corazón, que mi corazón, porque David hubiese dicho,
Yo como rey he guardado todo esto para la casa de Dios y creo que es suficiente.
que cuando estaba solo, que cuando mi propio rey Saúl me perseguía, Dios, Dios me guardó, Dios me cuidó. Y y amado, amada, tenemos un Dios que nos ha guardado, tenemos un Dios que nos ha cuidado, tenemos un Dios que que ha sido bueno con nosotros y y por favor, si tiene la oportunidad de de mirar a alguien, dígaselo en este día. Dios ha sido bueno contigo. Vamos, por favor, dígaselo.
Dios, Dios ha sido bueno. Y y ¿qué implica esto? ¿Qué implica la la palabra afecto? Pues David dice,
Mi mi afecto, repito, mi mi afecto está en los asuntos de Dios.
Mi inclinación está hacia hacia los asuntos de Dios.
Mire, mire por favor lo que dice Primera de Corintios 9 del verso 26 en adelante. Dice la escritura, «Así que yo de esta manera corro, no como a la aventura, de esta manera peleo no como quien golpea el aire, sino que golpeo, ¿qué cosa? Mi cuerpo y lo pongo en servidumbre. No sea que habiendo sido heraldo para otro, yo mismo venga a ser eliminado.
¿Sabes lo que lo que está diciendo? Lo que está diciendo Pablo es no debemos olvidar que debemos someternos, que que debemos rendir debemos rendir nuestros deseos por por sobre la voluntad de Dios. El el que mi vida se inclina hacia Dios, el que, repito, el que mi vida se inclina hacia el Señor tiene relación con someter deseos a a la voluntad de Dios. Y y Pablo está diciendo, «Yo yo no golpeo el aire, sino que golpeo mi cuerpo.
Tu cuerpo tiene relación con no con que me me voy a a hacer el araquiri, no no no no que me voy a a estar torturando, pegándome, no, sino que golpeo mi cuerpo tiene relación con someter deseos, someter someter mi carne a a la voluntad de Dios, someter mi carne.
Aplicación
Repito, a a la voluntad de Dios y la y la inclinación hacia los asuntos de Dios tiene relación número uno con eso, con rendición. Porque si yo te pregunto abiertamente, si si yo te pregunto sinceramente, ¿dónde es más cómodo estar a esta hora, aquí o en tu casa? ¿Cuál es la respuesta lógica? Gracias por su sinceridad.
Gracias, Pedro. Pero, ¿dónde dónde estaría más cómodo ahora usted? Aquí o o en su casa. En su casa, acostadito, sin zapato, viendo una serie, no sé, comiendo en la cama, tomándote la cerveza.
No, no sé. Pero mi inclinación hacia los asuntos de Dios, ¿qué me obliga a someter mi cuerpo? ¿Qué me obliga a someter mi voluntad a la voluntad de Dios? Y y eso es lo que está diciendo Pablo.
Yo yo someto mi cuerpo porque no vaya a ser, dice Pablo, no vaya a ser que enseñándole a otros de la grandeza de Dios, enseñándole a otros de el amor de Dios por olvidarme por olvidarme que mi inclinación tiene que estar hacia Dios, yo yo vaya a ser eliminado. Y y eso es lo que muchas veces pasa de de repente en las iglesias, que que de repente tú ves a a una persona nueva que que llega y y de repente esa persona nueva comienza a sacarte ventaja en las cosas de Dios. Y y eso, ¿sabes a qué? ¿A qué se debe?
a que la inclinación de esa persona está precisamente en los asuntos del Señor. Entonces, mi mi rendición, tu rendición tiene que estar presente todos los días. Mi mi rendición, mi rendición no bajo obligación, sino mi rendición en gratitud a lo que Dios ha hecho en mi vida. mi rendición en gratitud a lo que el Señor ha hecho en cada uno de nosotros.
Y lo voy a volver a decir y perdóneme por favor que lo diga nuevamente, pero Dios ha sido bueno con nosotros. Dios ha sido bueno con nosotros. Dios ha sido bueno con nosotros. Usted Usted no está en el loquero por gracia y misericordia de Dios.
Yo yo no estoy en el loquero por gracia y misericordia de Dios. No no no estoy perdido. No no estoy hundido por gracia y por misericordia de Dios. Es Dios, querido, el que nos tiene en pie.
Es Dios el que nos tiene el que nos tiene en pie.
Conclusión
Entonces, el el poder rendir mi vida, el poder inclinar mi vida, los asuntos de Dios, número uno, tiene que ver con rendición. Número dos, tiene que ver con el reconocimiento de mis errores y el retorno a los asuntos de Dios. Y y déjame mostrarte esto, por favor. Lucas 15.
Lucas 15 verso 17 dice la escritura, quedan 4 minutos, no se preocupe. Lucas 15. Marcos, si me puedes ayudar, por favor, a rellenar. ¿Lo tenemos o no?
Si no leo, dice, «Y volviendo en sí, dijo,
Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan y yo aquí perezco de hambre. Me levantaré, iré a mi padre y le diré, Padre, he pecado contra el cielo y contra ti y esto estoy y esto y esto estoy hablando. Ahí está. Gracias.
Lucas 15:17 primero, por favor. Dice,
Lucas 15:17Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
Pero, pero sabe lo que me me bendice de esta porción bíblica? Porque porque vemos a un padre que está esperando a su hijo con los brazos abiertos y y el padre que dice,
Este mi hijo muerto era y ha revivido estaba perdido y es hallado.
Me equivoqué, me equivoqué.
Puse mis prioridades por por sobre las prioridades de mi padre. Puse puse mis prioridades por sobre las prioridades de mi padre. Me equivoqué. Pero, pero, ¿qué es lo que hace este hombre?
Dice la escritura que reaccionó y y reconoció su error. Entonces dice,
Que nos cuesta. No nos cuesta reconocer, me me equivoqué, nos cuesta reconocer lo que quise hacer a mi manera, lo intenté hacer a mi forma y me equivoqué y lo que tenía lo perdí. lo que tenía asegurado lo perdí, me equivoqué. Pero la grandeza de este hombre es es reconocer, es reconocer y decir,
No, tengo tengo que cambiar las prioridades.
Voy voy a volver a la casa de mi padre.
Entonces, me me gusta este muchacho porque, claro, ¿cuál fue su inclinación a lo de él? ¿Cuál fue su inclinación? Lo mío primero. Y muchas veces tú y yo, querido, querida, hemos actuado.
Hemos actuado como este hombre. ¿Sabes cuál es el problema? que nosotros vemos la parábola del hijo pródigo como una acción solamente para el descarriado. Vemos vemos la parábola del hijo pródigo solamente como una acción de de la gente descarriada.
Y como tú y yo a lo mejor estamos dentro de la iglesia, sentimos que no nos hemos descarriado. Pero en Pero esta situación tiene que ver con prioridades. Mis prioridades fueron por sobre las prioridades de mi padre. El resultado, me equivoqué, perdí.
Pero, ¿qué hace este muchacho? Reconoce su error. Y creo que no hay nada más noble. Creo que no hay nada más loable que reconocer nuestros errores.
Reconocer que de repente tú y yo lo queremos hacer a nuestra manera y a nuestra manera nos equivocamos. Pero hay un Dios bueno, hay un Dios poderoso, hay un Dios grande que nos está esperando con los brazos abierto. Entonces, cuando cuando mi inclinación, mi afecto está en los asuntos de Dios, número uno, hay un hay un hay una voluntad que yo rindo delante de él, me rindo delante de ti, Dios. Entonces, todos los días golpeo mi cuerpo, no porque me corresponde por ser hijo de Dios, porque sí me corresponde, sino que lo hago más que por una obligación, por gratitud, más que por ser el rey de Israel y separar esta ofrenda, lo hago por lo que Dios ha hecho en mi vida.
Entonces, el el rendirme delante de él, dos, el reconocimiento de que hay veces que me equivoco, reconocimiento de mis errores y el retorno a los asuntos del Señor. Y número tres, entender, querido, querida, que Dios siempre es justo y tiene recompensa para los que nos inclinamos hacia sus cosas. Y el salmo 27:13, Bastián, por favor, y con esto termino. Dice la escritura, salmo 271, hubiera yo desmayado si no creyese que veré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes.
Hubiera yo desmayado. Salmo 27:13. hubiera yo desmayado si no creyese que veré la bondad del Señor, que veré el bien de Dios en la tierra de los vivientes. Amado, amada, cada vez que tú y yo nos inclinamos a los asuntos de Dios y ordenamos nuestros asuntos y y primero está el Señor, déjame decirte que eso siempre va a traer recompensa a nuestra vida.
Dios es justo. Dios es justo y siempre traerá recompensa a nuestra vida. Pero, ¿qué te corresponde a ti? ¿Qué me corresponde a mí?
Entender. Soy hijo de Dios. Sí, soy evangélico, sí, pero no dejo de ser persona. Soy evangélico, sí, no dejo de ser persona.
Entonces, hay cosas que hago porque soy evangélico, ¿sí? Hay cosas que me corresponde por ser evangélico, sí. Pero quiero hacer esas cosas no tan solo porque soy evangélico, sino que las quiero hacer por gratitud. y y venir a la casa de Dios, no porque soy evangélico y como evangélico me reúno martes, jueves, domingo, sino que venir por gratitud.
Dios ha sido bueno conmigo. Dios, Dios ha bendecido mi vida. Dios ha bendecido mi negocio. Dios, Dios ha bendecido mis finanzas, ha bendecido mi salud, me ha ayudado y en los momentos más difíciles, aunque todos se fueron, Dios siguió ahí y me tomó de la mano y me sacó del pozo de la desesperación.
Entonces, no no tan solo es porque soy evangélico, no no tan solo es porque me me dicen canuto, no no tan solo es porque soy hijo de Dios, que es una cosa. Por eso vuelvo a mi origen, a mi génesis de esta palabra para cerrar. David abiertamente dice,
Como rey separé esto, pero como David también mi inclinación está hacia lo de Dios. Entonces, como rey hago lo que tengo que hacer, pero como David, mi asuntos también, mi prioridad es Dios.
nos corresponde hacer una determinadas situaciones, deberes cristianos, como dice Romanos 12, pero como personas naturales que seguimos siendo que tu inclinación, mi inclinación no esté a hacer lo que yo quiero hacer, porque lo más seguro es que si yo hago las cosas a mi manera, me termine equivocando, que mi inclinación sea delante de Dios. Entonces, si tengo que rendirme, me rindo. Si tengo que reconocer mis errores, los reconozco. Pero entendiendo siempre que Dios tiene respuesta, Dios tiene recompensa y que hacer aquello vale la pena porque Dios nunca nos deja y hubiésemos sin duda desmayado si no creyésemos que veremos la bondad del Señor aquí en la tierra de los vivientes.
Y aquí Dios tiene bendiciones y aquí Dios tiene favor y tiene victoria para nuestra vida. Le podemos dar un fuerte aplauso a nuestro Señor. Aleluya. Póngase de pie, por favor.
Aleluya. Me me gusta esta palabra, mi afecto, mi inclinación. O sea, oh, aleluya. Yo yo creo que el que usted hoy esté en este lugar, el que yo esté hoy en este lugar, de por sí es un milagro.
De por sí es un milagro. El que usted hoy esté en este lugar, el que yo esté hoy en este lugar de por sí, mi hermano, es un milagro. Es un milagro. Y creo que de tiempo en tiempo y sobre todo en un comienzo de año, es bueno pararnos y y no tan solo mirar hacia delante confiando y creyendo en lo que Dios tiene para nuestra vida, sino de repente también es bueno mirar para atrás para no olvidar todo lo que Dios ha hecho por nosotros.
para para recordar lo que Dios ha hecho con nosotros, para darle gracias a Dios de de de cómo nos ha bendecido, de cómo nos ha bendecido en en estos días, desde el día domingo, estamos viendo con con horror, con tristeza, con dolor todo lo que está sucediendo en el en el suro Un domingo hablaba con Abraham, el pastor de concepción de nuestro ministerio, preguntándole cómo estaba. me me mostraba videos que ganas de llorar no más y y de una u otra manera poder hoy estar en este lugar y saber que vamos a llegar a nuestra casa y partiendo porque va a haber una casa que que vamos a tener un techo, que que vamos a llegar Y y en el caso de usted que no está ayunando, se va a comer el rico pan con queso y jamón. Y en el caso de los que estamos ayunando, seguiremos con el melón. Ayer tenía tanta hambre que me hizo un ulpo.
Años que no comía ulpo, pero agradecer aquello y y poder llegar y decir, «Señor, gracias. Gracias porque llego a la casa y tengo un perro que me ladra. Tengo un gato que me ensucia la ropa. Señor, gracias porque a a pesar de todo veo veo tu mano.
Veo tu mano. A pesar de todo. Veo veo tu mano. Pero, pero, ¿cuál tiene que ser?
Y y perdóneme que lo diga una última vez, ¿cuál tiene que ser nuestra inclinación, señores y señores, el que el que estemos en este lugar, sí estamos aquí porque somos evangélicos, porque como decía David, soy el rey. Pero no tan solo estar aquí porque soy evangélico, sino que estar aquí porque, Señor, tú me has mantenido con vida. Salí, salí del hoyo. Tú mejor que nadie.
Dios conoce mi vida. Le he comentado a algunos mi realidad, otros no la saben. Algunos saben una parte, pero solamente tú sabes toda la verdad y que y que hoy día esté en pie es gracias a ti, Dios mío. Entonces, ¿cómo cómo no tan solo voy a estar aquí porque me corresponde estar aquí porque soy evangélico, porque soy el rey?
No, no, no. Estoy aquí con gratitud recordando lo que has hecho en mi vida, pero también con la esperanza de que sé que en la tierra de los vivientes voy a ver tu favor, voy a ver tu gracia y voy a ver tu benevolencia. ¿Le parece si cerramos nuestros ojos, por favor, y por unos segundos, así como lo hicimos al principio, por unos segundos podemos levantar nuestras manos al cielo. Pero yo quiero pedirle con todo el respeto que usted me merece, que pueda agradecer a Dios y le pueda decir en este día, Señor, gracias.
Y pero le puede decir, Señor, gracias por lo que has hecho en mi vida. Lo quiero decir una vez más. Señor, recuerdo de dónde me sacaste. Recuerdo lo que hiciste, Dios mío.
Te te tenía, Señor, mi hogar destruido. Tenía mis hijas perdidas. Tenía, Dios mío, a mi a mis hijos apartados. Tenía, Dios mío, la embarrada en todas las áreas, pero tú viniste, Señor, me rescataste, me ayudaste.
Y hoy día Dios no no es que está todo bien. Hoy día Dios no no es que está todo perfecto. No es que lo tenga todo Dios. Pero Señor, wow, a cómo estaba, qué cambio.
El Señor a cómo estaba. Oh, gloria, gloria a ti, Dios. Gloria a ti. Gloria a ti.
Y por eso, Señor, no no tan solo hoy quiero levantar mis manos porque soy evangélico y es lo que hacen los evangélicos, darte la gloria. Oh, Dios mío. Por eso, por eso David, Señor, me me impacta tanto que él abiertamente dice, «Yo como rey guardé esta ofrenda, pero aparte como David, como aquel que fue tomado de de lo último, cuando ni siquiera mi papá tenía un puesto en mi mesa el día en que llegó Samuel, pero tú me tomaste, Dios mío, como David. También tengo apartado una ofrenda.
Mi gratitud, Dios, mi honra, mis manos levantadas no es porque los evangélicos lo hacen, sino que es por gratitud, porque mi afecto, Dios mío, mi inclinación está hacia tu persona, Padre. Gracias. Gracias, Señor. Bendigo a cada uno de tus hijos.
Y yo quiero y he tenido, Dios mío, el deseo de predicar esta palabra porque, Señor, como lo he sentido desde el comienzo de este año, creo con todo mi corazón que este va a ser un gran año. Creo con todo mi corazón que este va a ser un buen año para tus hijos, que va a ser un buen año para tus hijas. Oh Dios, yo creo con todo mi corazón que este va a ser un año maravilloso, un año de una doble porción, un año de ensanchamiento, un año, Dios mío, en donde se van a dar las cosas favorables sobre nuestra vida. Dios, que tú vas a abrir puertas, que tú vas a traer restauración, que tú vas a traer victoria.
Dios mío, no quiero equivocarme. No, no quiero equivocarme. No, no, no quiero cometer los errores, Dios mío, de antaño. Para eso, mi buen Dios, tengo que entender que no no solamente estoy en este lugar como evangélico, no estoy solamente hoy en este lugar porque es martes y en Dios mío, Cristo, tu única esperanza, nos reunimos los martes en 100% en Santa Cruz.
Dios mío, las puertas están abiertas los martes, sino que Dios, estoy en este lugar por la gratitud que hay en mi corazón. Por no olvidar, Dios, lo que tú has hecho en mi vida. Por no olvidar, Dios, que me rescataste. Por no olvidar que me sanaste.
Por no olvidar que me restauraste. Por no olvidar, Dios mío, que que me has bendecido, Padre, porque me has bendecido, Señor. Tengo un techo. Voy a llegar a la casa, Dios mío.
Voy a abrir una llave y va a salir agua. Gracias Espíritu Santo. Te adoro y te bendigo con todo mi corazón. En el nombre de Jesús.
Vamos a adorar al Señor unos segundos, por favor. Iglesia, tu fidelidad es grande. Sí, Señor. Tu fidelidad.
incomparable. No hay nadie, nadie como tú, bendito Dios. Grande es tu fidelidad. Grande es tu fidelidad.
Nadie como tú, bendito Dios. Grande es tu fidelidad. Aleluya. Vamos, dígale, iglesia.
Tu fidelidad es grande. Tu fidelidad incomparable. Nadie como tú, bendito Dios. Grande es tu fidelidad.
Tu fidelidad es grande. Tu fidelidad incomparable. Nadie como tú. Bendito Dios.
Grande es tu fidelidad. Grande es tu fidelidad. Una vez más. Tu fidelidad es grande.
Tu fidelidad incomparable. No hay nadie, nadie como tú. Bendito Dios. Bendito Dios.
Grande es tu fidelidad. Grande es tu fidelidad. No es una última vez, iglesia. Tu fidelidad es grande.
Tu fidelidad incomparable. Nadie como tú, bendito Dios. Grande es tu fidelidad. Aleluya.
Dele un fuerte, un fuerte aplauso a su señor. Al estar aquí delante de ti te adoraré. He postrado ante ti. Mi corazón te adora, oh Dios.
Y siempre quiero estar para adorar y contemplar tu santidad. Te adoro a ti, Señor. Te adoro a ti. Amén.
Bien. ¿Qué le parece si en este mismo ambiente de adoración tomamos nuestra ofrenda para honrar a nuestro Señor, para bendecir al Dios todopoderoso? Y vamos a ofrendar, no tan solo porque el evangelio ofrenda, sino por gratitud en nuestro corazón. Si usted necesita sobre diezmo, ahí está la Vivi, nuestra hermana Viviana.
Solamente levante su mano si usted necesita sobre de diezmo. Si quiere hacer su ofrenda a través de transferencia, ahí están los datos para que usted lo realice. Pero vamos a ofrendar todos con gozo, con alegría, con gratitud en nuestro corazón, porque Dios, insisto una vez más, Dios ha sido bueno, Dios ha sido fiel, Dios ha sido realmente bondadoso. Padre, en el nombre poderoso de Jesús, quiero entregar hoy, Dios mío, mi mejor, mi mejor ofrenda delante de ti, Señor.
Quiero entregar mi mejor ofrenda delante de ti, porque todo es tuyo, Señor. Todo es tuyo. Lo recibido de tu mano damos, Señor. Y quiero ofrendar, no tan solo porque el evangélico ofrenda.
Porque el evangélico es generoso, sino Dios, porque tú has sido bueno conmigo y no se me puede olvidar. Y Dios, cuando no tenía, Dios mío, tú me trajiste, Señor. Tuve hambre y me diste de comer. Tuve frío, Dios mío, y me cobijaste.
Estaba solo y sentí tu compañía. Hoy quiero honrarte, Dios, con esta ofrenda. En el nombre de Jesús. Amén y amén.
Le invito, iglesia, póngase de pie. Seguimos adorando, muchachos, por favor. Estar aquí delante de ti, te adoraré. Postrado ante ti mi corazón te adora, Dios y siempre quiero estar para adorar y contemplar tu santidad.
Te adoro a ti, Señor. Te adoro a ti y al estar aquí delante de ti te adoraré. Postrado ante ti mi corazón te adora, oh Dios. Y siempre quiero estar para adorar y contemplar tu santidad.
Te adoro a ti, Señor. Te adoro a ti, Padre. Gracias, gracias por este día, gracias por este tiempo, Dios. Gracias por tu palabra.
Permítenos estar el jueves, Dios, con gozo y con alegría buscando tu rostro. Permítenos estar el jueves, Dios mío. No, no tan solo porque, insisto, somos evangélicos y nos reunimos el jueves, sino porque hay gratitud en mi corazón, porque hay memoria en mí, Dios, porque hay memoria en mí de lo que tú has hecho, de lo que tú hiciste, Señor. Cómo me has ayudado.
Por eso, Señor, el jueves estaré en este lugar para honrarte y para bendecirte. Gracias. Despídenos en paz, en comunión los unos de los otros, más nunca jamás de tu presencia. En el nombre de Jesús.
Amén. Señor y amén. Le damos un fuerte, un fuerte aplauso a nuestro Señor. Dios les bendiga.
Despídase de su hermano, despídase de su hermana. Nos vemos el jueves con ayuda del cielo.
Declaración
Dios les bendiga. Despídase de su hermano, despídase de su hermana. Nos vemos el jueves con ayuda del cielo.